Los criterios paganos del mundo nos envuelven y penetran hasta en nuestras propias familias. Me entero de que un sobrino mío, que vive en Logroño, ha dejado a su chica embarazada. Le llamo por teléfono para animarle a que acoja al hijo que ya tiene, y me tranquiliza diciéndome que quiere tenerlo y que va a casarse con la chica. Me dice que me invitará a la boda, y que ya me llamará cuando sepa la fecha. Pasan las semanas y como no me llama, le llamo yo y me llevo la sorpresa de que se encuentra él en el hospital acompañando a su novia, a la que se le ha roto la “bolsa de las aguas” y ha perdido bastante líquido amniótico. Él está preocupado, me dice que el niño está vivo (le late el corazón en la ecografía) y espera que pronto se recupere y pueda salir adelante. Yo trato de animarle diciéndole que todo va a salir bien. Pero los partidarios de la “solución final” de Hitler no descansan. Los médicos del hospital, en vez de cumplir con su deber, buscando salvar la vida del niño, le presionan a la chica para que aborte. Y le pronostican toda clase de males si no lo hace: infecciones, malformaciones… Así me lo cuenta mi sobrino cuando le vuelvo a llamar por teléfono.
Me pongo en contacto con una rescatadora, Marta, para que me ayude a encontrar un ginecólogo ProVida en Logroño que les pueda asesorar y tranquilizar. Ella y el ginecólo se ponen en contacto con mi sobrino incluso voluntarios ProVida van a verlos al hospital para que no empiecen el protocolo del aborto. Pero los médicos del hospital han presionado tanto, que mi sobrino y la chica han cambiado de opinión, y piensan que lo mejor es abortar. Y así se deciden a hacerlo, a pesar de que les hemos dicho que muchos niños con este mismo problema han salido adelante y no padecen ninguna anomalía. Ya realizado el aborto, incluso mi sobrino insulta a la rescatadora cuando ella les recomienda que entierren al bebé fallecido y recen por él. Se justifican pensando que han hecho lo correcto, que no han hecho nada malo… Pero al día siguiente recapacita mi sobrino y le pide perdón a la rescatadora por haberla ofendido.
Un niño inocente más, víctima de la cultura de la muerte.
Yo he sentido una vez más mi impotencia para evitar el mal, y he comprendido un poco más algo de lo que sentiría la Virgen María ante la Pasión de su Hijo, víctima de nuestros pecados. Dios nos ha hecho libres y respeta nuestra libertad. ¡Qué gran dignidad la del hombre! ¡Y que responsabilidad!. Dr. Álvaro Susín.
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Álvaro, es muy triste lo que cuentas pero ¡ÁNimo! Aunque nos toque «perder» muchas batallas y recibir muchas heridas pro defender cada Vida Humana, EL COMBATE FINAL LO ACABAREMOS GANANDO, mira sinó lo que pasa ahora en Estados Unidos, después de décadas de abortos, ahora van òr el buen camino para que la VIDA TRIUNFE. ¡Y ESPAÑA NO SERÁ MENOS, CARAMBA! Te quiere mucho: Marisol, Pegrina Enfermera.