Era Soledad

Un día de rescates y una jornada muy dura la del pasado sábado con muchas citas para abortar. Pero donde existe un poco de luz se disipa la oscuridad más dura, la realidad más negra. Esa luz fue un nuevo reencuentro con la vida. Esa luz fue Soledad. Bueno, ese fue el nombre que nos dio. Pero mejor vamos a contar la historia. A última hora de la tarde, casi a punto de irnos, sale una joven con el sobre grande. Ese documento tiene para los rescatadores un claro significado: Una oportunidad. Nos presentamos y vemos rápidamente que no quiere abortar, pero tiene miedo. Le preguntamos: Sus problemas, muchos. No tiene papeles, trabajo precario, sin pareja, sin familia en Madrid… Pero esto poco le importa a nuestra nueva amiga: La mayor preocupación de Soledad es creer que le van a quitar a su hijito si decide seguir adelante con el embarazo. Esa es su gran preocupación y la que le ha llevado a las puertas de la Dator. Nos deja a los rescatadores el camino abierto para acompañarla a Madrina con el convencimiento de seguir adelante. Fue después cuando nos enteramos de su verdadero nombre y no podemos decir que nos mintiera. Soledad era sólo su estado de ánimo, el nombre para un sentimiento de desamparo que todos daríamos a nuestro corazón en momentos como los que nuestra protagonista ha pasado. Un sufrimiento indescriptible que nos hace vulnerables y dependientes de las decisiones más dolorosas e irreversibles. Pero esto ya ha pasado. Su nombre era Soledad y Soledad ya no existe. Se fue y no volverá nunca. Querida amiga, tienes ahora unas manos amigas a tu lado y sobre todo tienes una vida dentro de ti con un claro y firme propósito: Ese bebé representa un amor para siempre, un amor con el que nunca más te sentirás sola. Esa pequeña vida ha borrado ese nombre prestado para escribir con letras mayúsculas otro nombre que ha venido para quedarse y estar junto a tu corazón. La vida nunca se equivoca. Que Dios te bendiga.
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