«Yo la quiero. ¡Es que yo la quiero! ¡Y quiero tener el niño!«. El dolor de un joven quedó escrito con lágrimas en la acera de la Dator. Lágrimas de rabia y de impotencia mientras esperaba la salida de su pareja a las puertas del centro, mientras se le escapaba la vida de su segundo hijo de entre las manos. Después de la entrevista con el seudopsicólogo del centro le había quedado claro que él no tiene ningún derecho sobre esa vida, que la decisión es ajena al padre, que era un convidado de piedra escuchando una sentencia. Su pareja quiere abortar y es la única persona que puede tomar la decisión. Son muy jóvenes. Ella tiene veinte años. Viven cada uno con sus padres y tienen un hijo de dos años. Los motivos vienen al caso porque se reducen a uno: «No quiero tener al niño». Esta fue la conclusión final después de hablar con ella y enumerar las excusas que brindan en estos casos las circunstancias: Sin trabajo, viviendo separada de la pareja, con un niño pequeño a su cargo, su juventud. Él insistía en que ya habían sacado adelante a otro niño, que él si trabajaba, que las cosas mejorarían, que quería a ese niño… Fue inútil. La voluntad tiene razones que el corazón no entiende. Ella quería abortar y él fue obligado a abortar. No vamos a juzgar a nadie, ni es nuestra tarea ni deseo, pero si la de informar que la mejor decisión es siempre la que toma la vida. La vida nunca se equivoca. Duele el hecho de ver cómo estas decisiones y las circunstancias rompen la armonía de una pareja, siembran el desamor. Decisiones de las que sólo quedan victimas, dolor y daños irreparables. Que, en definitiva, provocan desolación en los momentos que deberían ser los más felices para cualquier pareja. Ha sido su voluntad y así la respetamos. Ella nunca había abortado, pero ahora sabe que tendrá con nosotros ayuda para superar las secuelas. Estimado amigo: No pude encontrar palabras para tu consuelo el otro día. Tal vez porque no existen, tal vez porque no las hubieses querido escuchar, tal vez porque no eran importantes, o tal vez porque lo único importante era esa nueva vida. Tu voluntad no ha podido conservar la vida de vuestro hijo, pero quiero que sepas que la voluntad de Dios le ha dado otra vida para toda la eternidad. Por favor, llévale tu amor y tu voz donde él esté, porque tu amor será reconocido y tu voz será escuchada. Que Dios bendiga a esta familia.
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