¿Dices que no hay violencia estructural?

El pasado sábado por la mañana tuve la oportunidad de presenciar, con más frecuencia si cabe, cómo la violencia estructural se convierte en una de las causas principales del aborto entre las jóvenes españolas. Y no hablo de la ejercida por los novios sobre ellas, caso de sobra conocido. En el período de dos horas pude intercambiar unas palabras con varias chicas españolas, de alrededor de 20 años, que se dirigían al centro de abortos y, salvo en un caso, todas iban acompañadas de sus progenitoras, aquellas que en su día recibieron el regalo de la maternidad, de tenerlas a ellas, pero que ahora negaban ese mismo derecho a sus propias hijas . Me sorprendió ver que en todos estos casos, que no fueron pocos, las madres no me permitieron que entregara a sus hijas una simple tarjeta con un teléfono asistencial gratuito, apenas comenzaba a pronunciar la frase «toma esta tarjeta con un teléfono de ayuda por si…» cuando la madre se daba media vuelta llevándose de malas maneras a su hija, que ya había extendido la mano para recoger la tarjeta. Me daba bastante pena ver la mirada de la chica, que quería al menos escuchar qué es lo que alguien más tenía que decirle, mientras que la madre fruncía el ceño llevándose a su hija a la primera de cambio. No me parece correcto que la madre niegue a su hija el derecho básico a la información, así que no me quiero imaginar la presión que habrá sufrido esa joven en casa para que la madre la lleve a acabar con su propio nieto (y con su estabilidad emocional). Detrás de esto se encuentra un profundo y frio egoísmo, como me dijo una vez un padre «no quiero que mi hija me impida hacer mi vida con este niño».
Jesús Gómez, rescatador.

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