Recientemente hemos celebrado el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. Es un buen momento para recordar lo que en uno de sus más maravillosos textos, la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, la Iglesia reitera sobre la defensa de la vida:
“Pues Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de conservar la vida, misión que ha de llevarse a cabo de modo digno del hombre. Por tanto, la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables. La índole sexual del hombre y la facultad generativa humana superan admirablemente lo que de esto existe en los grados inferiores de vida; por tanto, los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados según la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia. Cuando se trata, pues, de conjugar el amor conyugal con la responsable transmisión de la vida, la índole moral de la conducta no depende solamente de la sincera intención y apreciación de los motivos, sino que debe determinarse con criterios objetivos tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos, criterios que mantienen íntegro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación, entretejidos con el amor verdadero; esto es imposible sin cultivar sinceramente la virtud de la castidad conyugal. No es lícito a los hijos de la Iglesia, fundados en estos principios, ir por caminos que el Magisterio, al explicar la ley divina reprueba sobre la regulación de la natalidad”.
Siempre es lo mismo, ¿verdad?: la misión del hombre de conservar la vida, salvaguardar delicadamente, respeto y amor, dignidad humana, responsabilidad en nuestros actos… Da gusto contemplar que hay cosas que nunca cambian. Pero me quedo con una palabra: reverencia. Reverencia es la única actitud posible ante un milagro, el asombroso milagro de la vida. Sí, cierro filas con la Iglesia, que siempre ha defendido la vida desde el primer momento de la concepción. El derecho a vivir que tenemos todos. Realmente, ¿es esto algo tan difícil de entender? Mi nombre es David Gimeno y doy gracias a Dios por la vida y por la fe.
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