-
Entradas recientes
- Rescatadores y MasFuturo, ¿Qué hacemos?
- Encontraron en el cubo de basura bebés, manos, pies…
- TE ESTAMOS ESPERANDO¡
- Testimonio de una universitaria rescatadora
- Cientos de mujeres en Estados Unidos y Reino Unido han iniciado procesos judiciales tras revelarse que el anticonceptivo inyectable Depo-Provera está asociado a un mayor riesgo de meningiomas
-

-

¿Preguntas inoportunas?
En mi oficina hemos tenido la fortuna de conocer a un artista norteamericano, un pintor de arte moderno. Una persona culta con la que, francamente, da gusto hablar. Relatando sus viajes por España, país que frecuenta y admira, se me ocurrió preguntarle algo completamente natural en el contexto de la conversación: «¿qué ciudad te ha gustado más?» Una pregunta normal en un diálogo normal. Por cierto, esa ciudad es Sevilla. Pues bien, parece que las cosas no devinieron de una manera tan común en otra situación distinta. En este caso era entre compañeros en un encuentro distendido. Lo cierto y verdad es no recuerdo muy bien como se llegó al tema del aborto, pero pretendió cerrarse el asunto cuando el que lideraba la adhesión al mismo, sentenció que era un derecho de la mujer y que él, como hombre, estaba a favor del aborto. Debo ser muy ingenuo, porque pensando que la conversación no había terminado, como en la primera anécdota, vi como algo normal preguntarle: «¿y qué aborto te gusta más?» Tal vez la pregunta parecía más lógica en mi cabeza antes de formularla, porque la cara de mi interlocutor se volvió un tanto extraña. Sin llegar a entender su silencio, no quise ser maleducado y procedí a explicarme: «he querido decir que, siendo partidario del aborto, tendrás alguna preferencia, ¿te gusta el aborto salino donde se envenena el feto inyectandole una solución concentrada de sal, quizás el de succión que destroza al niño en pedacitos con un aspirador potentísimo, o tal vez el de dilatación que emplea una cuchilla para hacer pedazos el feto y la placenta? ¿No es también esta una pregunta de lo más natural en la conversación? Creo que es una cuestión de lo más oportuna. ¿No sería normal, por ejemplo, en una charla con un futbolero, preguntarle de qué equipo es? En fin, los resultados de mi inadecuada ingenuidad no vienen al caso, pero creo que con toda suerte, no querrán volver a invitar a cervezas a un «extremista». Esto poco importa, verdaderamente, pero sí lo que quiero decir. Defendemos la vida desde la concepción, el derecho a vivir de todos, y no somos nosotros los que tenemos que dar una explicación de algo tan natural y precioso como la vida del no nacido. Antes bien, son los que defienden la muerte, los que amparan un homicidio vergonzoso y gratuito, a los que debemos requerir una razón de ese atentado. Defendemos lo justo y lo verdadero. Así lo escribe la vida y así nos lo ha leído la ciencia. No, la vida no es ni será nunca inoportuna, así como tampoco será su defensa algo «extremo». Todo lo contrario: la vida es oportuna y su defensa es, hoy más que nunca, de lo más oportuna, necesaria y coherente. Que Dios os bendiga y perdone las torpezas de este pobre ingenuo que escribe.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.
