Javier Sádaba, abortero

Textualmente, dice el profesor: «la gente se escandaliza con el aborto y no por un niño que muere en la calle». Los lacayos del aborto suelen darle la vuelta a la realidad, con el único objeto que reducir la categoría de las cosas. Porque es todo lo contrario: la gente se escandaliza por un niño que muere en la calle y esto es lo normal y no, no se inmuta en absoluto con miles de abortos en España, cientos a diarios. Y esto no es normal, esto es un absurdo. No debemos jugar con la mentira, pensando que las opiniones son un divertimento, que las palabras no tienen consecuencias. El aborto es una infamia y un negocio, y es admitido socialmente también gracias a este tipo de opiniones. Opiniones que tienen nombres y apellidos. Debemos, como sociedad, exigirles una responsabilidad por sus palabras. Alguien podría pensar que este hombre es un sátrapa del pensamiento, sentenciando sin el más mínimo recato sobre temas éticos y morales relacionados con la vida del ser humano y, en concreto, sobre el aborto. Pero, veamos brevemente cómo. Es socio de un elitista club llamado Contractualismo, sito en la ética del consenso, esquina ética de mínimos. En este grupo piensan que el derecho a la vida se debe fundamentar mediante un contrato social. Es decir, creen que a través de un diálogo respetuoso entre distintas posiciones, por ejemplo providas y aborteros, hay que establecer un consenso de unos mínimos morales que permitan la convivencia. No deja de ser un relativismo práctico o la forma más cómoda de eludir los problemas de fondo. Lo malo de estos pactos malditos, véase leyes, es que están firmados con sangre de inocentes. Y eso, se mire como se mire, es una inmoralidad. Ah, por cierto, en este club no son admitidos los defensores de la vida por dogmáticos, son simplemente «intolerantes». En resumen, no ve en el aborto «ningún inconveniente moral». Pero matiza, «siempre y cuando se haga bien». Y lo cree realmente, cree en el crimen bien hecho. Un homicidio aséptico. Un asesinato esterilizado y muy, muy legal. Mi nombre es David Gimeno y solo le quiero decir una cosa a este señor: ningún aborto tiene un final feliz. Piense en ello, por favor.
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