¿Cómo cambia el cerebro un aborto inducido?

Cuad. Bioét. XXIII, 2012/2ª, pag 565. Las reacciones de cualquier mujer al descubrir que ha concebido son muy variables. Es una adaptación de todo el organismo de la hembra a la simbiosis con la vida de quienes se desarrollan en ella. El primero supone la eliminación de las consecuencias del estrés, ya que la hormona del estrés, el cortisol, que se segrega ante estímulos estresantes y daña el desarrollo de los órganos del hijo. El segundo proceso supone que la misma progesterona del cerebro hace que se sintetice la oxitocina, conocida como la hormona de la confianza. El hipocampo que procesa esa memoria no es igual antes que después de la gestación. El cuerpo no miente. Todo lo que ocurre en él con una carga emocional fuerte es recogido en el cerebro, de acuerdo con las hormonas y factores liberados en él; la región de la corteza cerebral denominada ínsula, que es como un sensor de los estados corporales. Los acontecimientos con carga emocional, son evaluados en el cerebro –en lo que se denomina complejo amigdalino– con la marca de recompensa o castigo precisamente tras consultar con la corteza insular. Ese diálogo de neuronas concluye con el sentido biológico propio del acontecimiento. De ahí que naturalmente el embarazo en cuanto proceso biológico es evaluado positivamente, mientras que su terminación, espontánea o violenta, antes de que el hijo llegue a término es evaluada biológicamente como negativo. Y guardado, por tanto, en el cerebro, como recuerdo positivo en el primer caso y negativo y traumático en el segundo. El aborto en el cerebro emoción negativa y ansiedad, trastornos afectivos como la depresión, problemas de conductacomo abuso de sustancias, reactivación de trastornos psiquiátricos existentes previamente, intento de suicidio o suicidio consumado y la aparición de un nuevo trastorno psiquiátrico. + en: Natalia López Moratalla

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