Doce Monos

He creído conveniente sacar a relucir el título de esta producción, aún teniendo un indigesto director, porque me resulta llamativo la alegórica semejanza de su argumento con el aborto en nuestro país. La acción de la película comienza en un futuro apocalíptico bajo la amenaza de la extinción de la humanidad. En el pasado la mayor parte de la población fue exterminada con un virus tan poderoso y mortal que obligó a los supervivientes a vivir bajo tierra. El veneno que provocó esa pandemia global fue liberado por una organización terrorista conocida como el Ejército de los Doce Monos. El protagonista es el elegido para viajar en el tiempo, volver al pasado para encontrar el origen del mal y descubrir una cura. Dios perdone mi descerebrado entendimiento al creer encontrar, en esta simple historia, un paralelismo claro con la situación actual del aborto a nivel legal en nuestro país. Y lejos de mi buscar en ello algo más que una mera anécdota ingenua, inofensiva o curiosa. Porque he creído ver en ese virus mortal una realidad cotidiana en la que, víctimas del aborto, mueren miles de personas inocentes cada año. Si viajamos al pasado, como en aquella trama, para buscar un origen del mal, nos podemos trasladar a un momento clave hace poco más de dos años. Exactamente, el catorce de julio de dos mil diez. Fecha en la cual, el Pleno del Tribunal Constitucional, rechaza la petición de suspender cautelarmente la nueva ley del aborto, aprobada pocos meses atrás. Se pretendía paralizar la entrada en vigor de una ley que cuesta vidas humanas, con el objeto de esperar al dictamen sobre su constitucionalidad. Tarea, por otra parte, que constituye la razón de ser de esa institución. E insisto en que es una mera coincidencia que sean también doce los miembros de ese Tribunal. Hemos viajado rápidamente al pasado intentando descifrar, de alguna manera, los crímenes que por derecho se suceden todavía a fecha de hoy. Porque, lo cierto y verdad, es que ese pequeño Ejército de Doce Magistrados, no se ha pronunciado sobre la legalidad de la norma vigente, justificando su desidia de manera displicente diciendo que «no es un tema urgente». Esto es una verguenza, o doce, diría algún atrevido. Para las víctimas, desgraciadamente, es una cuestión de vida o muerte. Esta es la verdadera realidad. Sé positivamente por la biología que los monos no saben hablar, pero ¿tampoco saben articular palabra los doce miembros de Tribunal Constitucional?, ¿no pueden discernir estos altos representantes de nuestra sociedad sobre una cuestión vital y que es de justicia? No, no lo llego a entender. Me provoca rabia y tristeza, y solo diré para finalizar, que un hombre justo no es el que no comete injusticias, es aquel que pudiendo ser injusto, decide no serlo. Otra decisión podría ser la de un mono. Porque ser justo será siempre la determinación de una persona digna, aunque viva bajo tierra. 
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