Desahuciados

Desgraciadamente es una palabra que estamos escuchando muy a menudo. Un desahucio en una diligencia judicial por la cual se ejecuta una orden en la que se desaloja a un propietario de su vivienda. Vemos con angustia que familias, muchas veces con niños pequeños, deben abandonar sus casas, sus hogares. Esta situación va más allá de lo que supone un traslado personal. Se trata en todos los casos de un camino quebrado, de proyectos de vida rotos, de un futuro incierto y oscuro. Momentos de tristeza y desesperanza. Creo que, como sociedad, podemos hacer mucho para resolver este tipo de situaciones desesperadas. Es posible ser atrevidos y buscar soluciones más humanas a estos problemas que nos atañen a todos. Pero ahora también quiero hablar de otros desahucios que pasan inadvertidos. Estos casos no salen en las noticias diarias. Son reiteradamente silenciados. Estoy hablando, muy a mi pesar, del aborto. El aborto es un desahucio, un desahucio mortal. De la misma manera que en aquellos casos se fractura un proyecto, en este otro tipo de desahucio se cercena una vida, un camino que queda roto para siempre. Se arranca de su domicilio a un bebé por nacer, por la orden expresa de otro juez, que no es el que está sentado en un tribunal, pues es la decisión de su propia madre la que estampa su firma de una orden que ahora llamaremos, diligencia sanitaria. Y con el beneplácito de la sociedad, el aplauso de algunos, la mirada exculpatoria de muchos y la segura colaboración económica de nuestras autoridades, el bebé, que debería ser usufructuario hasta su nacimiento de ese bendito rincón, es expulsado como aquellas familias no ya a la calle, a un cubo de basura, quién sabe si a una trituradora industrial. Este es otro tipo de desahucio que debemos tener en cuenta cuando gritemos «stop a los desahucios». Esta víctima no le debe nada a nadie, porque la vida es, simplemente, un regalo. El regalo más grande. Además, paga religiosamente todas las cuotas que de amor y esperanza su madre le pueda requerir. También estos desahucios a la vida provocarán momentos de amargura y desolación. Momentos perdidos al futuro, nuestro futuro. Dios nos bendice con la vida y los hombres la desahuciamos con la mentira. Esto es una irresponsabilidad y creo que podemos hacer mucho para detener estos desahucios, para acabar con el aborto, para dejar de hacernos daño. Es posible conseguirlo. Es posible ser valientes, ¿lo intentamos?

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