Guardianes de la vida

Nos han dado el alta en el hospital. Después de unos días de preocupación con nuestra hija recién nacida, la familia está en casa al completo. Algún problema de salud ya resuelto, nos ha permitido valorar más el precioso regalo que la vida nos ofrece con nuestra pequeña. Aprovecho para mostrar mi agradecimiento, de todo corazón, al personal del Hospital Universitario de La Paz, por el valioso trato que nos han dispensado. En especial al Dr. Olivares, el cirujano que ha operado a la niña y a todo su equipo. En unos momentos de desamparo que, de manera inevitable, cualquier padre experimenta en la inquietud por la salud de los hijos, se agradece enormemente un trato cercano y amable. Los profesionales de la salud se convierten así en un bastión de confianza y seguridad. Son camino seguro hacia una tranquilidad anhelada. Por eso, muchas gracias. Y por ello, gracias también a la vida. Porque si no puedo dejar de pensar en lo afortunado que soy, tampoco dejo de recordar el desgraciado final de otros niños víctimas del aborto. No dejo de asombrarme con la cantidad de medios económicos, de esfuerzos y talentos que dedicamos a la salud y al bienestar de nuestros pequeños y que, de manera tan agradecida, valoramos los padres en momentos delicados. Para ver, en el lado oscuro de la moneda, cómo en los centros abortistas, afanados en destruir la vida alimentando una muerte cruel, cientos de miles de bebés se precipitan por el sumidero del olvido. Bebés como el mío. Personas como yo, personas como tú. Otros hijos de la humanidad que se sacrifican por la cerrazón de ideólogos arbitrarios en aras del egoísmo, del descrédito a la verdadera libertad y de unos intereses políticos manipulados con fines indignos. Mi hija, tan pequeña e indefensa, en manos de un engranaje perfecto de expertos médicos, y recursos técnicos y materiales, destinado a preservar la vida, a proteger su salud y su bienestar por encima de todo. Mientras, otros despilfarran inconscientes ese tesoro que se les ha encomendado y desprecian esa bella esperanza prometida. La vida es un regalo, sin duda, pero es un regalo para todos. No, no aceptaré nunca el aborto, no claudicaré jamás con la muerte injusta de inocentes. El aborto nunca nos dejará crecer. Ahora, si cabe, soy más consciente del valor de una vida, y lo soy porque esa vida no es mía, porque esa vida no me pertenece. Declararé humildemente mi amor a la vida, renovaré mi compromiso con la esperanza y sellaré mi fe en el ser humano. Todas las vidas son únicas, todas las vidas son dignas de guardar. Y en defensa de la vida diré, sencillamente, gracias. Que Dios os bendiga.

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