De asnos y bueyes

Estamos de celebración: es el cumpleaños de Jesucristo. Hace ya algunos años, en un pueblecito diminuto, tuvo lugar el acontecimiento más grande de la historia. Hecho cuyo recuerdo presente es siempre un motivo de alegría y gratitud. Mucho se ha escrito sobre este suceso histórico, pero uno de los más recientes ensayos ha sido redactado por Benedicto XVI. Es curioso cómo los comentarios que mayoritariamente ha suscitado ese maravilloso texto, se han centrado en lo anecdótico del magno evento, manifestando un interés inusitado y pueril por la concurrencia animal en el precioso nacimiento. Al parecer, la presencia del asno y el buey que colocamos en los entrañables belenes, forma parte de la tradición cristiana posterior, más que de la historia propiamente dicha. Y es que, según se nos explica en el libro, esa costumbre quiso representar la llegada de Dios al mundo acompañada por la que era la sociedad en aquel lugar. Es decir, judíos y gentiles, que podrían estar así representados por un asno y un buey. Pues bien, con toda la prudencia posible y si miramos a nuestro alrededor con un poco de atención, estoy pensando que en nuestro entorno actual ocurre lo mismo. Porque creo que, en lo que atañe a la lucha por la vida, cada niño concebido y en peligro de aborto, tiene igualmente una compañía animal que bien pudiera describir a nuestra sociedad. Por una parte vemos al asno, que representaría ahora no a los judíos incrédulos, sino a las personas que actualmente no tienen fe en la vida y fomentan el aborto. Entiendo que sería muy acertada su proyección en un asno. Por otro lado, tendríamos la figura torpe y pesada de un buey, que si en el nacimiento hacía el papel del romano indiferente, ahora bien puede representar a nuestros conciudadanos apáticos y estratégicamente ausentes de toda la realidad del aborto y sus consecuencias. También es esta una buena aproximación al tema. En resumen, tenemos a un asno testigo del milagro de la vida y empeñado en acabar con ella, y a un buey, mudo ante lo que está aconteciendo, mirando disimuladamente hacia otro lado. Sí, el maravilloso milagro de la vida, en peligro constante con la amenaza de una muerte injusta, se recrea en este portal impostado de la actualidad, con asnos y bueyes. Pero quién sabe, de esta manera tal vez apreciemos y entendamos mejor ese gran regalo de la vida, si nos viene acompañado de estos infelices personajes. Aunque debo decir que, al igual que en aquellos celebrados tiempos fueron también testigos con esos animales unos pastores, sean igualmente ahora unos anónimos rescatadores, humildes testigos de esa esperanza que es cada niño que nace. Feliz Navidad y que Dios os bendiga.
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