Madres sin cielo

Matthew es el protagonista de una película que habla de esperanza y de la posibilidad que todos tenemos de iniciar una nueva vida. «Ángeles sin cielo», se titula. Es un joven con esquizofrenia que vagabundea por Nueva York y se dedica a hacer fotografías pero, curiosamente, con una cámara que no tiene carrete. Me gusta la actitud de una persona que hace instantáneas que no se quedan atrapadas en un negativo, imágenes con las que se quisiera descubrir cosas que tal vez un simple retrato no puede captar. Es una forma de reconocer la realidad que no queda enmarcada, cerrada en un enfoque particular. Es decir, sin atrapar la verdad que vemos a través del objetivo, percibimos una realidad más amplia, en movimiento, una verdad viva y palpitante, y que no queda condicionada al juicio siempre sesgado del instante fugaz del clik del obturador. Por contra, otras personas insisten en medir la realidad con una sola fotografía, o lo que es lo mismo, reducirla al prisma de su cámara automática. Pues bien, una de estas últimas imágenes la hemos visto publicada en el artículo que firma el director de una página web, cuyo nombre no viene al caso, y que es promovida y visitada por numerosos católicos aficionados. El texto se titula «¡Asesinas!» y hace alusión directa e incriminatoria a todas las mujeres que han protagonizado un aborto. Levanta un dedo acusatorio hacia las mujeres que han acabado con las vidas de sus hijos. Ellas son asesinas. Alguien diría que, cobardemente, es siempre mas fácil arremeter contra un pecador que contra el pecado mismo, que suele ser más poderoso. Otros, sin embargo, leyendo el texto se sentirán tranquilos sabiendo que existen bizarros defensores de la fe cristiana, que mantienen a raya a las pecadoras. Doctores y sabios, en definitiva, que exponen las cosas claras y crudas, como debe ser. Quién sabe si estén siempre prestos y libres de pecado para tirar la primera piedra. Sin duda serán luz en algún camino o tendrán el dudoso honor de ser contables en la lista de excomulgados, dejando a unas madres sin un cielo prometido. No dejarán de ser una garantía para espíritus medrosos. Por mi parte, sinceramente, no llego a esa altura de discernimiento. Por ello, no me uniré a esta patrulla policial que condena a esas mujeres a la cruel evidencia de una imagen congelada, engalanado así una vitrina de trofeos espirituales. Creo que una mujer que ha abortado es víctima del aborto. Sin quitar la gravísima responsabilidad que tiene una madre que comete un aborto inducido, ni ser comprensivos en absoluto con la verguenza de ese crimen, creo equivocado realizar juicios sumarios como el expuesto. Si esos hijos fueron signo de esperanza para todos, tal vez mi comportamiento y mis palabras, puedan ser una puerta abierta a la redención, deseando buscar siempre la cruz y no la espada. Mi nombre es David Gimeno y acudo a la esquina de la Datorcomo rescatador con la única pretensión de salir, sencillamente, al encuentro de vida. Tal vez con la intención de conseguir unas fotografías como las que hacía Matthew y que solo una máquina sin carrete puede hacer.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario