Se llaman Tatiana y Krista y son quizá una de las visiones más convincentes, una de las razones más reales, para apoyar la causa provida. Tienen seis años y viven en una pequeña ciudad de la Columbia Británica, en Canadá, junto con su familia: abuelos, primos, tíos y sus tres hermanos. A los cinco meses de gestación, su madre, Felicia Simms, fue informada de las graves condiciones en las que podrían nacer sus hijas y, obviamente, le plantearon la posibilidad de abortar, que rechazó sin dudar. Al estar unidas por el cráneo (en términos médicos, siameses craniópagos) y con el sistema nervioso interconectado, las posibilidades de supervivencia eran escasas, un 20 por ciento. Durante todo el embarazo recibió cartas anónimas en las que se le insultaba y despreciaba por haber decidido continuar adelante y dar a luz a «monstruos que no deberían nacer», entre otras cosas.Pero Felicia, con 20 años, escogió la esperanza y luchó, a pesar de todo y contra todos. Y nacieron dos preciosas niñas a las 34 semanas de gestación. Unidas por la cabeza, sí, pero sanas y preciosas: con grandes ojos verdes, largas pestañas, tez sonrosada y cabellos dorados. Y comenzaron una vida llena de retos, de dificultad, de incomprensión y de obstáculos en el camino.A su favor, lo único y espectacular de su caso, un auténtico prodigio de interconexión mental que no se había conocido en otros casos similares. Neurólogos de todo el mundo siguen atentamente el caso, que no conoce parangón y que admira a todos. Si una bebe, la otra lo siente. Si lloran y le ponen el chupete a una, también la otra se calma. Si pinchan a una para hacerle un análisis de sangre, su compañera llora. Pero, al mismo tiempo, cada una tiene su propia personalidad y carácter, como explica su propia madre: «Krista es la divertida, es feliz todo el tiempo; Tatiana es más cariñosa», explica en este vídeo-entrevista concedido a http://www.vancouversun.com A Krista le gusta el ketchup y a Tatiana no. Krista es alérgica al maíz en lata; Tatiana, no. Y así con tantas otras cosas.Y llegó este vídeo, provocador y desafiante frente a todos los que esgrimen la no-autosuficiencia física y la dependencia como un argumento a favor del aborto. Frente a tantos que aseguran que la autonomía es sinónimo de dignidad. Asociaciones de todo el mundo han replicado el vídeo en internet, incluyendo aquellas de no creyentes, como Secular Pro Life. Su presidenta, Kelsey Hazzard, asegura que este vídeo es un modo con el que la familia ha querido proclamar ante el mundo que «estas dulces niñas dulces tienen el derecho a estar aquí, y siempre han tenido el derecho de estar aquí». ReL.
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