¿Quién soy yo?

Ha sido descubierto por el impacable inspector de policía Javert. Jean Valjean rompió su libertad condicional hace años ocultando su verdadera identidad. Ahora es monsieur Madeleine, un reputado empresario y alcalde por méritos propios de su localidad. Lejos quedan sus años de presidio y los trabajos forzados de esclavo, penas que soportó por robar unas hogazas de pan para dar de comer a unos niños hambrientos. Su mundo parece que se derrumba y ahora debe enfrentarse a una decisión en una larga noche de vacilación. Seguir con su vida justamente conseguida o rescatar a un pobre inocente que han apresado y que será ajusticiado en su lugar. El emocionante espectáculo del musical «Los miserables» nos deja una interpretación magistral del protagonista. Escenifica la lucha interior entre el bien y el mal. Es la lucha entre el deber que hace de la honestidad un compromiso y la conveniencia, que nos regala la condena a la mentira: «El piensa que soy yo, pues bien, se confundió, el hombre que arrestó, es mi oportunidad, ¿por qué lo he de salvar?, diciendo la verdad, si tanto padecí, por esta posición, el hablar condenación, el callar mi maldición… ¿Quién soy yo?, acaso a un hombre puedo esclavizar, y si su agonía traté de ignorar, es inocente el hombre que por mí se enfrenta al tribunal, ¿quién soy yo?, para esconderme y escapar así, y pretender que no soy el que fui, ¡¿por qué mi nombre hasta morir jamás se debe pronunciar?!, ¿debo mentir?, ¿seré capaz de ver al prójimo?, ¿podré borrar la culpa que hay en mí?, mi alma pertenece a Dios, en el pasado se la di, ¡me dio la fe que me salvó!, me dio la fuerza de vivir, ¿quién soy yo?…, ¿quién soy yo?…, ¡soy Jean Valjean!…, y bien Javert, es la verdad, él no es el culpable, yo lo soy…, ¿quién soy yo?, … ¡2 4 6 0 1!…» Jean Valjean está ante su destino, él es el preso 24.601. Sabe perfectamente quién es y lo que tiene que hacer. Debe ocupar el lugar de un inocente. No es un héroe, es su deber. Y al deber y a la responsabilidad nos apela otro número, una cifra de reos de muerte por el aborto en nuestro país: 118.359 inocentes. ¿Tendremos algo que decir? Al igual que en la ficción nosotros somos esos inocentes. ¿Quién soy yo?: la respuesta nos la da el protagonista cuando llegamos a entender que nuestro destino está unido a la vida de los demás. Es la pregunta que respondo cuando contemplo mi vida regalada, la vida que he recibido gratis y a la que debo corresponder. Es mi deber. ¿Quién soy yo? Adeudo mi vida a la gratitud y recojo mi número de preso para ponerme en la barricada que defiende la vida, nuestra vida, la vida de todos. Esa verdadera libertad por la que todos tenemos derecho a nacer. Querido hermano, ¿no escuchas los latidos de tu corazón? Es el sonido de la libertad de los inocentes, el eco del tambor de la esperanza de los hombres y la razón. Ha llegado nuestra hora, tomemos la voz de los inocentes y levantemos juntos la bandera de la vida y la libertad: «En la causa del deber, debes ser fuerte y no temer, hay otro mundo tras la barricada que anhelas ver, oyes voces al cantar, oyes el eco del tambor, juntos por la revolución de la libertad…»
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