Desea obsesivamente el triunfo, ser una estrella por encima de todo. Vanidad, ambición, narcisismo, venganza, desconfianza, crueldad. Sentimientos latentes en un espíritu esclavo del amor desmesurado a uno mismo. Amor maldito que ciega al personaje y lo condena al vértigo de un éxito que crepita en la hoguera de las vanidades. Pero hoy no es Eva Harrington la protagonista, lo es una parecida diosa en el escenario de la mentira, la farsa y el artificio, en el cruento mundo del aborto: Mary Elizabeth Williams. Esta progresista escritora norteamericana ha lanzado recientemente su carrera al estrellato desnudando su mentira, con una soberbia delirante y ebria de verdad: «¿Y qué si el aborto pone fin a una vida?». «Yo creo que la vida comienza en la concepción, pero nunca he dejado de defender el derecho a decidir». «Lo sé a través de mis propios embarazos y nunca vacilé ni por un momento en la creencia de que yo llevaba una vida humana dentro de mi». «Un feto puede ser una vida humana sin tener los mismos derechos que la mujer en cuyo cuerpo reside». «Ella es el jefe. Su vida y lo que es correcto para su situación y su salud, automáticamente deberían estar por encima de los derechos de la entidad no autónoma que está dentro de ella». «¿Y qué si el aborto pone fin a una vida?». Con estas palabras escupidas a quemarropa, la voluntad de poder que anula la vida inocente, se hace voz descarnada en un insulto a la humanidad entera y nos pretende someter a un instinto homicida, al egoísmo feroz de nuestras apetencias. Un crimen adornado de estúpidos derechos decorativos, salpicados con sangre de inocentes. Es el aborto sin máscara, desvergonzado y desafiante que, sin importarle en absoluto la vida, confecciona ilusiones fantasma de progreso y libertad. No existe razonamiento con el aborto ni diálogo posible con sus defensores. El aborto es un crimen miserable llevado a cabo por insensatos que se enorgullecen de sus pensamientos enajenados. Con esta demencia estamos conviviendo. Ella ejecuta el papel de su elección, su voluntad es su traición y así la mostramos en toda su crudeza. Imagen fiel de la defensa del aborto sin tapujos y desnuda. Esta gran señora del dolor ajeno ha hablado, pero ¿y tú, estimado lector? Ante un enemigo envalentonado que golpea tu puerta, ¿te arredrarás en la defensa de los inocentes? La vida te otorga la razón, y fuerzas y tiempo le sobran a tu voluntad. En la defensa de la vida encontrarás la causa en la que esculpir tu sentido de la justicia y el deber. Participa, acude a la Escuela de Rescate, tú puedes hacer mucho todavía. En este escenario, te lo aseguro, vamos a cambiar el guión. Tenemos mucho que hacer, la vida nos está esperando.
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