El tambor de hojalata

Gallardón podría ser perfectamente el protagonista de esta novela. Con él tampoco dejaría de ser el libro un auténtico plomo con tintes macabros y neuróticos, pero con una certera simbología que hoy queremos traer en nuestra defensa de la vida. Tal vez alguien, al que podrían acusar justamente de necio soñador, estaría dispuesto a ir a la guerra tocando un tambor, simplemente porque pensara que su gran talento musical vencería al enemigo, acabando con la guerra, el odio y la muerte. Nuestro Ministro de Justicia toca a la perfección el ritmo que hechiza a los ciudadanos: la música de las palabras convertidas en promesas. Pero, para desgracia nuestra, este músico profesional de la cantinela, ha equivocado la partitura para acabar con la actual Ley del Aborto en nuestro país. Al igual que Oscar, el verdadero actor de la obra, Gallardón tomó hace tiempo la decisión más importante de su vida: dejar de crecer. Porque solo la quimérica ilusión de un hombre con mentalidad infantil, puede presentarse reiteradamente ante los medios de comunicación o en ese jardín de infancia que llaman Congreso de los Diputados, para tocar su manoseada melodía y llenar de promesas vacías el contenido de una ansiada reforma que nunca llega. No queremos, en modo alguno, significar que el final de estas actitudes puedan terminar en la realidad como en la ficción: con el protagonista internado en una institución psiquiátrica. La música es un maravilloso instrumento para describir la vida, pero el sonido cesa cuando vemos como perecen miles de inocentes en los abortorios de nuestro país. Pedimos que al Ministro que deje de tocar el tambor como aquel personaje compulsivo, manipulador y de ficticio coraje. No es la hora de los niños, es la hora de los hombres. La hora en la que los ideales que mantienen la esperanza de la humanidad, arrinconan nuestros miedos para dar un paso al frente. Es necesario limpiar nuestra mirada de intereses partidistas y abrir las ventanas de par en par para dejar entrar aires de verdadera libertad. Expulsar de nuestros hogares el dulce veneno del derecho a decidir y despojar del dinero ensangrentado a los abyectos proxenetas de la vida. Demos la oportunidad de vivir a tantos inocentes en peligro de aborto. Esto es una guerra y es la hora de luchar. Querido hermano, tienes mucho que decir y mucho que hacer. No tengas miedo a las heridas que te provocarán. La vida, te lo aseguro, siempre cura esas heridas. Serán medallas en un corazón que ha cumplido con su deber.

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