Esta historia se termina convirtiendo en un gran homenaje relatando la vida de unos comediantes que, en los duros tiempos de la posguerra, tratan de ganarse la vida como cómicos ambulantes interpretando sainetes por los pueblos. Está escrita y llevada al cine por el genial Fernando FernánGómez, por cierto hijo de madre soltera, aunque esa es otra historia. Este infeliz grupo teatral tiene la desdicha de tener la competencia de un novedoso cine móvil, insuperable con sus «sueños enlatados». El «jodío peliculero», como sentenciaban los impotentes protagonistas, siempre se les adelantaba. Esta entrañable historia me ha venido a la cabeza viendo la gala de los Goya de este año y de manera casi inconsciente he exclamado lo mismo: «Jodíos peliculeros». Pero, sin hacer referencia al evento y traduciendo la indignación de aquellos cómicos a nuestra lucha por la vida, diré con la misma libertad de expresión que se utilizó en el acto: «Jodíos aborteros». No puedo generalizar, pero son muchas y manifiestas, las adhesiones de un grupo numeroso de estos artistas, al derecho a matar a un no nacido. No vienen al caso los famosos nombres, pero se declaran abiertamente a favor del aborto. Se manifiestan y gritan por una libertad de decidir. Al parecer, saben perfectamente quién debe vivir y quién morir. Creo sinceramente que personajes conocidos o de cierta notoridad, del ámbito que sea, en este caso el de la cultura, tienen una importante responsabilidad con sus declaraciones. En el caso que nos ocupa, ayudan a alimentar una opinión pública cimentada en mentiras y que actualmente condena a una muerte segura a miles de inocentes. Tal vez pretendiendo defender causas justas y meritorias, sin duda muchas de ellas, son con el aborto manipulados por un interés político, tendencioso y liberticida. Pareciera que pasan a defender ideas que les vienen dictadas «desde arriba» y con las que pretenden hacernos comulgar con «sueños enlatados». Esto, realmente, poco o nada tiene que ver con las libertades individuales. Sinceramente, no importa lo que en «la noche del cine español» se pudiera reivindicar desde ese púlpito pagado con el erario público. Importa, y mucho, el derecho de todos a vivir, y que antes que ningún otro debemos reivindicar y proteger. Estoy completamente convencido que las soluciones a todos los demás problemas, que son muchos, vendrán por añadidura. Termino volviendo a la obra para citar a un protagonista: «allí donde muere un cómico muere el teatro». Nosotros declaramos que donde muere un ser humano, muere la humanidad. Tal vez porque la vida no es un viaje a ninguna parte, es un maravilloso destino al que todos tenemos derecho. De esta forma la defensa de la vida es, sencillamente, camino seguro hacia nuestra esperanza. ¿Merecerá la pena este viaje?
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