El rey va desnudo

Patronio relataba al Conde Lucanor la historia de un rey burlado. Unos pícaros, haciéndose pasar por excelentes tejedores, le contaron sus habilidades para confeccionar un maravilloso paño que sólo podían ver aquellos que eran hijos de quienes todos creían su padre. El rey nunca vio una tela que no existía, pero llevó al extremo su disimulo desfilando desnudo ante sus súbditos. Cuenta la narración que apareció un criado y le dijo sin reparos: «Señor, a mí me da lo mismo que me tengáis por hijo de mi padre o de otro cualquiera, y por eso os digo que o yo soy ciego, o vais desnudo». Hete aquí que, pasando los siglos, nos topamos con otro rey igualmente fatuo y ridículo. Considerado «el más importante de los pensadores contemporáneos». Diríamos, para entendernos, el rey de los intelectuales progres. Su graciosa majestad, el Dr. Noam Chomsky, tiene un elevadísimo concepto de sí mismo y, aunque políticamente se considera anarquista y socialista libertario, no es más que un guerrillero de guardería nacido, criado y domiciliado en el país de la libertad. Puede que sea para algunos un profesor insigne, un filósofo brillante. Para mí es un triste e insoportable manipulador. Pero, dejando opiniones al margen y centrándonos en la defensa de la vida, debemos citar las palabras con las que aprovechó, en una reciente conferencia, para defender el aborto. Afirma que «el feto es un órgano y una parte del propio cuerpo de la madre»; que «muy pronto nos podemos imaginar (dice con la perversa ironía de un saboteador del lenguaje) una legislación que prohíba el lavado de manos, porque las células que se desprenden se podrían convertir en una célula madre, poder crecer un feto y estar, de esa manera, matando a una persona». El remate de la faena de este torerillo de salón es la pretendida estocada a la labor provida: «ataques a los derechos de las mujeres». Pues bien, el más palurdo de sus detractores lo tiene que decir: «Noam Chomsky va desnudo». Vestido de mentiras y falsedades. Es un rey orgulloso y miserable que conoce la verdad de la ciencia pero, sintiéndose avergonzado de reconocerla, prefiere seguir caminado «desnudo» buscando la genuflexión impostada de sus “alumnos”. Sí, todo un rey convertido en bufón. Que una mentira sea aceptada por muchos, no hace del aborto una solución. El aborto es un crimen abominable y, su defensa, un traje hecho a medida de voluntades timoratas. El amor a las ideas, Dr. Chomsky, será siempre un amor desafinado. Piense en ello, la vida está esperando. ¡Y póngase algo encima, por favor!   

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