La noción de que las enfermeras, los médicos, los asesores y otros que trabajan en el campo del aborto tienen escrúpulos sobre el trabajo que hacen es un secreto bien guardado. Una enfermera de Seattle, Estado de Washington, habló de la observación de su primer aborto en los últimos trimestres, hecho por un método de dilatación y evacuación. «Estaba observando al médico luchar con la cánula, tratando de sacarla», dijo, «No entendía de qué se trataba toda la resistencia. Y estaba muy alarmada y de repente el médico sacó la cánula y allí, cuando yo estaba al lado de la mujer, miré la cánula abajo y había un pie que sobresalía». Nunca olvidaré el sentimiento que tuve en mi pecho cuando el médico sacó aquella cánula. Casi me dejó sin respiración. Porque la realidad de esto era muy dura para mí.»
Un médico del Estado de Nuevo México dijo que a veces estaba sorprendido por la ira que podía despertar en él un aborto en uno de los últimos trimestres. Por una parte, el médico dijo que estaba enfadado con la mujer. «Pero paradójicamente», añadió, «tengo sentimientos de enojo hacia mí mismo por sentirme bien al hacer un procedimiento técnicamente bueno que destruye un feto, que mata a un bebé».
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