Es la propuesta de redenominación progre de un clásico de Disney. Pretenden que «Dumbo» sea ahora para todos la «Crónica de una muerte anunciada». Es cierto que el título que todos conocemos cumplió más de setenta años, pero la petulancia del abortismo nacional («los malos», para entendernos) insiste en sus prácticas inhumanas o, como denominan con nauseabundo humor negro, los derechos reproductivos. Porque ante la anunciada reforma de la actual ley del aborto, se han desatado todo tipo de opiniones de los lacayos de la muerte. Muchas apuntan a un inexistente derecho a vivir de las personas con discapacidad y llegan incluso, con su descarada indecencia, a pedir penas de cárcel para las mujeres que se atrevan a dar a luz a esos «hijos imperfectos». No los consideran humanos. Por eso he querido poner el ejemplo de este maravilloso personaje, Dumbo, un bebé de elefante que no nació perfecto. Vino a nacer con unas orejas inmensas que dieron lugar a comentarios que me recuerdan las palabras de esos verdugos de la vida. Bueno, en realidad son insidias de murmuradores de alcantarilla: «es tonto, es un fenómeno con orejas», «la culpa es de ese fenómeno con orejas que sólo a su madre parecen encantadoras», «la raza de los elefantes es una raza digna, su desgracia es nuestra vergüenza», «ya no me sentaré a comer en la misma mesa que ese monstruo», «hagamos como que no lo vemos». Precioso, ¿verdad? Además de estas amables opiniones tenemos que decir que en la película Mamá Dumbo fue, como quieren esos energúmenos totalitarios, encarcelada por defender a su pequeño. Es su hijito y para ella siempre será lo más hermoso de esta vida. Y os diré más, finalmente todos descubrieron que Dumbo no era deforme, era especial. Tanto que su peculiaridad le hizo ser el primer elefante volador. Sólo necesitaba un poco de cariño y tiempo para saber que era único y diferente. Así pues, no se cambiará el título de la historia y si algún majadero de esos que desprecian la vida quiere hacerlo, se las tendrá que ver conmigo. Mi nombre es David Gimeno y soy amigo de Dumbo. Amamos la vida y queremos que ese derecho a vivir se haga realidad para todos. Ninguno de nosotros es perfecto, pero todos somos especiales. No, ninguna estrategia mafiosa cambiará el título a nuestras vidas, porque cada vida tiene nombre propio y ese es el mejor nombre que puede tener.
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¡Pobre Dumbo!. ¡Qué mal lo pasó!. Y eso que sólo tenía las orejas grandes. Si llega a nacer con la cara deforme, algún síndrome de lo que fuera o algo peor, ¿cómo lo hubiera pasado en esta sociedad tan competitiva?. ¿Qué tal lo hubiera pasado en el colegio, especial o no (en caso de que sus padres se lo hubieran podido pagar, claro, que de los recortes no se salvan ni los preciosos elefantes según tengo entendido), qué hubiera pasado si sus padres no lo hubieran aceptado y querido tal cual, si se hubiera sentido marginado por una sociedad que no lo aceptase como era?. ¿Quién le hubiera compensado por la soledad y el sufrimiento constante, por la inferioridad de condiciones en muchos casos (no que sea inferior), por querer ser como los demás y llevar una vida corriente y moliente como todos ellos y saber que eso jamás podría suceder?. Y eso en el mejor de los casos. Hay quien se lo quiere ahorrar a ellos mismos, a sus hijos, a sus familias y yo los entiendo.
No he entendido muy bien el artículo, pero sí lo que tratas de decir, que ya nos conocemos. ¡Pobrecita Ana! Pues te digo una cosa, a pesar de todo y contigo, con todo el esfuerzo que han hecho tus padres y hemos hecho los demás para sacarse adelante, has salido bastante decentita para todo lo que se presumía. Eres el mejor ejemplo. E igualmente Dumbo. Él es un héroe y un pionero, pero y tú, cuéntanos, ¿qué has llegado a ser?
Cuidado, no bromees con los míos. ¿Y tú qué dices que has hecho por mí que no me has visto jamás cara a cara, listo?. Yo a ti no te debo nada, ni a ti ni a nadie, no más de lo que me debéis el resto a mí. ¿Qué he llegado a ser?. Una mujer luchadora que ha llegado hasta donde ha podido, que no es poco. Desconozco adónde has llegado, pero no me importa. Sólo sé que no me considero inferior a ti, ni a ti ni a nadie. No voy a dejar que me lo hagas creer.
Te explico lo de llegar adonde se puede. Es que me ha hecho recordar los sueños de la infancia con muchísima gracia y cariño. Verás, yo de pequeñita quería ser modelo famosa. Sonreía imaginándome en las portadas de las revistas, anunciando perfumes caros, fotografiada constantemente por los paparazzi, admirada por los fans (eso sí, sin acosos y locos) y acumulando una fortuna tremenda que me permitiera nadar en la más absoluta abundancia y comprar todo cuanto quisiera acompañada de mi guapísimo y encantador maridito, muy enamorado de mí (yo también de él, pero él más de mí) con el que pasaría el resto de mi vida feliz como perdiz. La verdad es que era guapa y de jovencita llegué a tener un tipazo de esos que hace que los hombres se giren y te silben por la calle, pero me fallaba la estatura. Imagínate con poco más de metro y medio. Y claro, se truncó el sueño dorado de mi más tierna infancia. ¡Ja, ja, ja!.
Años más tarde descubrí mi afición por la escritura y de adolescente, con 14 y 15 años, llegué a escribir una novela. Bueno, un rollo culebronesco para flipar y de los que estaban de moda en aquella época que a saber dónde fue a parar. En realidad, sí, se quedó en un camping en el que estuve con un hombre que se convirtió en el que más marcó mi existencia. Quizá entretuvo las horas muertas a algún campista, quién sabe.
Más adelante, empecé a superar unos miedos al agua (más bien a las profundidades) y comencé a entrenar en una piscina, a perfeccionar mi estilo y mi resistencia hasta que decidí participar en una prueba deportiva en el mar. Me hubiera gustado llegar de las primeras y batir las marcas de David Meca si hacía falta, no te digo, pero lo que no se puede, no se puede y, a pesar de ello, disfruté entrenándome y llegando hasta el final, logrando mi objetivo.
Estudié hasta que me cansé y llegué hasta donde pude, quise y decidí. He sido una trabajadora corriente y moliente, no he tenido grandes trabajos, pero siempre he puesto ganas e interés en lo que hacía, queriendo ser útil, necesaria (no imprescindible, eso poca gente lo es), valorada, y disfruté con unos cuantos, que me servían hasta de terapia antiestrés en algunas ocasiones.
Ríete lo que quieras, infravalórame lo que te apetezca, considérame lo que te dé la gana. ¿Qué más da?.
No eres importante en mi vida, igual que yo para ti, me has hecho pasar un buen rato recordando y eso es genial, lo que cuenta.
He eliminado sin querer una cosita en mi segundo párrafo, el de mi época novelesca: le eché mucha ilusión, ganas, horas de trabajo, pasión, y fui muy feliz completando mi proyecto. No llegó a ninguna parte. ¿Y qué?.
Vale, vale, sólo quería saberlo. Si has llegado hasta donde has podido, es que puedes mucho más. Yo estoy a tu lado, como otros tantos, pero deberás girar la cabeza. ¿Podrás hacerlo? Dices: No me considero inferior a nadie… ¡Esa es la respuesta! Y la pregunta: ¿por qué deben ser inferiores los discapacitados? «Responderán de ello con su vida» (aborteros varios).
Respondo aquí porque en la parte de abajo me costaba mucho hacerlo.
Seamos serios y sinceros de una vez.
El aborto por malformación y graves patologías fetales, algunas incompatibles con la vida o tremendas, no engloba a las personas con una «simple» discapacidad que cuya vida está leve o medianamente limitada, pero puede defenderse.
Hay casos de peticiones de abortos por síndrome de Down, labio leporino y enfermedades de los huesos que han sido rechazadas. Se aceptan otro tipo de casos, los más dramáticos.
Pero, ya que hablamos de discapacidades, especialmente las mentales, tengo que decir que sí soy partidaria de que una familia a la que le comunican que va a tener un hijo con síndrome de Down u otro tipo de problemas similares y quiera abortar, se le permita.
No es que considere que no tengan que existir personas así en el mundo, ni por asomo. Lo que pasa es que soy consciente de que un chaval con este tipo de problemas necesita una familia con una serie de aptitudes que hagan que sepan a lo que se enfrentan, esté preparada para criarle eficazmente y le acepte y quiera de verdad además de poder afrontar los gastos de su manutención y poder asegurarle una vida razonablemente digna. Con una familia que no le acepte como es, le compadezca y, encima, no pueda criarle en condiciones, apaga y vámonos porque eso es campo abonado para que acabe desastrosamente, con problemas emocionales y no te creas que vivir con ellos es poca cosa.
En cuanto al campo laboral, teniendo una discapacidad mental que le limite, ¿cuántos empresarios estarían dispuestos a ofrecerle un trabajo con el que se pueda ganar la vida, aunque fuera el más humilde?. Como no le contraten en la empresa de su padre, si es que la tiene y se lo puede permitir, le dejen una paga o una buena herencia y un hermano esté dispuesto a hacerse cargo de él o lo metan en una residencia geriátrica (he trabajado en una y he visto casos de gente joven con discapacidades metida ahí), olvídate.
De la vida amorosa y amistades, para qué hablar. Lo tiene difícil a no ser que conozca gente como él con la que pueda encajar. Las posibilidades de caer en la marginación social y la depresión (esto último con todos los motivos del mundo) son considerables.
Pero, claro, ¿a quién le importa?.
Empiezo a entender por qué no sabes lo que es Ser Persona. Porque no sabes lo que es querer a alguien o ponerte a su servicio. Me ha dado mucha pena leer en tu experiencia vital que nunca has dado o recibido cariño de nadie, al menos lo suficientemente en serio como para acordarte al hacer memoria de tu vida. Es natural que pienses lo que piensas cuando tu vida se resume en tú, tus proyectos en definitiva tus egocentrismos.
En este blog se defiende el donarse a los demás y amar cosas que chocan contigo totalmente
Eso no lo sabes. No me conoces. Hay muchas cosas que no he contado y te aseguro que he amado mucho a unas cuantas personas y otras tantas me han amado a mí.