Reproducimos el primer artículo del periódico El Mundo sobre Morín. Se ajusta mucho a la realidad. Con el tiempo, perdieron la perspectiva.
Abrió su primera clínica en 1989, en Alicante. Su expansión fue imparable: ahora tenía en funcionamiento cuatro, con ingresos que superarían los 12 millones. Morín, detenido por interrumpir embarazos avanzados, tenía más negocios y pasión por el lujo.Su caída se produce tras la estancia de la vicepresidenta en Roma. «50 ABORTOS EN DIRECTO. Fue la oferta de Morín a los asistentes a un congreso». Y lo hicieron. En la foto, una de sus clínicas en Barcelona.
El entra y sale en un Ferrari. Ella, en un Maserati. Son pareja y hacen vida en las alturas. En Sant Cugat, tocando el cielo de Barcelona, cerca de un reverdecido campo de golf. Entre vecinos ilustres. Y a un tiro de piedra de la residencia de Joan Laporta, presidente del Barça. Nada que envidiarle. El chalé del timonel culé luce poco comparado con las entrañas de la moderna mansión -el caserón, lo llaman en la calle Villa de la exclusiva urbanización- que ocupaban Carlos Morín y Luisa. Amplios jardines, jacuzzi, piscina, discoteca, un roble en el vestíbulo, un garaje repleto de bólidos de marca… El nido del ginecólogo y su paciente. Los dos se conocieron en la consulta y se enamoraron. Un flechazo, dicen antiguas amistades. Luisa, divorciada y madre de dos hijos, enseguida pasó de ser clienta a enfermera. El pasado lunes, cuando la Guardia Civil esposaba a Carlos Morín, el magnate de los abortos, camino del calabozo, ella también caía. Luisa Durán Salmerón no sólo es su sustento sentimental.También su mano derecha. La que mueve los hilos, cara al público, de sus cuatro clínicas barcelonesas (tiene una filial en Madrid, CB Medical) en el lucrativo negocio de los abortos. «Esta vez, sí, le han fallado los poderosos», se congratula alguien que trabajó para el doctor. El ahora acusado de interrumpir embarazos en avanzado estado de gestación. A veces, eran fetos de 30 y 35 semanas, poco menos de las 40 normales de un parto. Una «rotunda ilegalidad», a juicio de la Fiscalía de Barcelona. Y un escándalo. Casi tres décadas de vida catalana han convertido al peruano Morín en un auténtico potentado. Miles de mujeres han pasado por sus manos. O por sus clínicas desde que, en 1989, abriera la primera. Fue en Alicante. Pero es Barcelona su ciudad talismán.Allí ha alcanzado poder y riqueza. Y ahora acaba de caer, como nunca creyó que ocurriría, al más pestilente de los fangos: fetos casi en edad de neonatos triturados, documentos falsificados para engañar a la Ley del Aborto, ecografías de pega…Sólo en 2005, su buque insignia, la clínica Ginemedex (las otras tres son Barnamedic, TCB y Emecé), facturó 1,5 millones de euros, aunque fuentes del sector sanitario multiplican por tres la cifra declarada. Hasta tiene una fundación que lleva su apellido, aquél con el que nació, hace 58 años, en la colonial ciudad de Trujillo, uno de los primeros enclaves levantados por los españoles en aquellos lejanos tiempos de la conquista. Para él, su nuevo mundo fue éste. No aquél que abandonó, camino de Amsterdam y con el título de médico sellado en Lima, con hambre de hacerse un lugar en la tierra prometida al otro lado del Atlántico.Entre holandeses dio sus primeros pasos. Fue su viaje iniciático al mundo del aborto. Carlos Guillermo Morín, hombre afable y caritativo, a decir de muchos, podría haber llegado a más: a ejercer la cirugía portando el VIH. Según Epoca, fue diagnosticado de sida hace dos años, e incluso estuvo ingresado dos meses en el hospital San Pau de Barcelona. Se habría infectado el mismo año, 2005, que lo condecoraban como doctor modelo en su ciudad natal. Allí lo adoran por haber financiado un centro de salud, pasar consulta gratis a las mujeres y ayudar a sus paisanas inmigrantes a integrarse en España mediante cursos de formación profesional pagados por su fundación.



Gracias por recordar este caso. No se puede olvidar lo inolvidable. Es nuestro deber recordar. Adjunto una página donde se transcriben los diálogos de Morín con una periodista danesa que se hace pasar por una embarazada de más de 30 semanas. Este es un fragmento:
– ¿Y es seguro que cuando el bebé nace está muerto?
– Sí. Seguro al 300%.
– ¿Qué es lo se le da?
– Digoxina. Es lo que se pone cuando se tiene un ataque al corazón, pero en sobredosis.
La fiscalía pedía 309 años de cárcel. Hoy absuelto y en la calle. «Usted tiene su moral, yo la mía», decía el fulano. La justicia se ve que también tiene «la suya».
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