Mariam Suarez, la hija de Adolfo Suarez murió en 2004. La conocí en uno de los premios que la concedieron por su coraje. Era una mujer normal, pero fuera de lo normal. Le diagnosticaron el cáncer cuando estaba embarazada de su hijo y no quiso someterse a quimioterapia, luchó hasta el final. Su hijo nació, y se realizó el tratamiento del cáncer que se le había diagnosticado. Lucho siempre, y murió con una muerte digna y con honor. Todo un ejemplo como madre, como mujer y sobre todo como ejemplo de ProVida. Desde aquí mi homenaje a esta mujer que ya está Arriba. Marta Velarde.
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Me parece un testimonio muy respetable y propio de una mujer de gran entereza, la misma que tienen otras mujeres que deciden salvar su vida y/o no dejar huérfanos a sus hijos.
¿Hay amor más grande que dar la vida por los demás? No hablamos de los enemigos, Ana, no te asustes. Hablamos de un hijo. Pero andas siempres tergiversando los conceptos. Los relativistas emplean la técnica de rebajar la categoría de las cosas por comparación. Es una manipulación pura y dura a la que estamos acostumbrados con tus comentarios (que por otra parte agradezco emocionado). Lo de Miriam no es un testimonio, es un acto de amor. Lo que hace una mujer que aborta, y lo digo con todos los respectos a su decisión, es otra cosa. Es otra cosa. Por favor, Ana, no tiremos al monte, ¡no tiremos al monte… ! Seriedad, por lo que más quieras. Las comparaciones no son odiosas, son infantiles. Abur.
Depende de cómo se mire. Tú opinas que rechazar un tratamiento para el cáncer y acabar perdiendo la vida por salvar una gestación es un acto de amor (yo no digo que no y reitero que lo respeto muchísimo) y otros pueden pensar que es un suicidio.
También se puede considerar que la que aborta realiza un acto de amor hacia su familia, entre ellos sus hijos en caso de tenerlos, y es otra forma de sacrificio porque un aborto por causas médicas es muy duro y nadie quiere pasar por ello.
No te enfades. Trato el tema con la seriedad y el respeto que requiere y lo que menos quiero es ofender a nadie. Chao.
Por supuesto que no me enfado contigo. Cita textualmente, por favor. Digo que traer un niño al mundo es un acto de amor, en cualquier circunstancia. Esa es la decisión de Mariam. Las consecuencias son otra historia. Pero, no te equivoques, no tratas el tema con seriedad. Lo haces sólo con interés. Y cuando ese interés es tendencioso, se llama interés creado. No es natural ni legítimo. Pero vamos al grano, dices: «la que aborta realiza un acto de amor hacia su familia». ¡Toma del fraso…! Tienes que hacértelo ver, porque esa obsesión de cuadrar los círculos es enfermiza. Es una necedad, ¿no te das cuenta de lo ridículo que es lo que dices? Y no te lo reprocho, son muchos los que piensan así, tal vez la mayoría. Decía, no me acuerdo quien, que el lugar común es el dogma de los necios. Pero no me quiero extender. Ana, ¿has pensado en nadar contra corriente? Te gusta nadar, eres fuerte y tienes sentimientos provida. Dime, ¿qué te hizo perder la fe en la vida?
¿Qué me hizo ser proelección?. Una mezcla entre mis propios criterios y vivencias personales, empatía hacia mujeres que conocía y habían abortado al comprender que eso también podía pasarme a mí y cierta experiencia vital posterior a esto de la que no voy a hablar en esta web.
Disculpa el retraso en la respuesta. El trabajo no mata, pero a veces lo intenta. Y gracias, Ana, por tus sinceras palabras. Hacerse proelección es una consecuencia de algo que no suele estar relacionado con una decisión estrictamente racional. Antes al contrario, viene derivado de una herida que arrastramos y que nos condiciona en nuestros actos y respuestas. Esto no es ni bueno ni malo, es humano. Pero perder la fe en la vida es algo circunstancial, o la forma de describir una omisión. Esa fe en la vida recibe su bautismo en la concepción, la llevamos en nuestro ADN. Tal vez, simplemente, la hayamos olvidado aparcada en algún rincón. Pero sigue viva y llena de esperanza. Eres sincera y honesta contigo misma, y cuando muestras esa empatía con mujeres que han sufrido, demuestras un sentimiento hacia la vida. De la misma manera cuando ayudas desinteresadamente a otras mujeres en casos que, discretamente, ya has citado en otros comentarios. Son otras formas de expresar esa fe y que seguro tienes en abundancia. Debes guardar muchas experiencias en tu corazón, pero aquellas que fueron dolorosas y que nos hicieron sufrir, siempre querrán anidar en nuestra memoria de manera parasitaria. No, no morimos de una mordedura de serpiente, moriremos si dejamos que ese maldito veneno llegue a nuestro corazón. Piensa que la vida nunca se equivoca, aunque en tantas ocasiones se nos escape la razón, y que siempre nos estará esperando. Gracias y que Dios te bendiga.
No, ser proelección no me convierte en alguien que no defienda la vida. Simplemente no defiendo la vida de los embriones a costa de lo que sea. Es diferente, pero piensa lo que quieras.
Respecto a esa supuesta herida que me ha hecho ser proelección, no inventes, que las heridas que yo tengo (sí, las tengo, las que me han hecho los demás, la vida y yo misma, que como muy bien dices, vienen provistas de un veneno que hay días negros en los pienso que será letal) no tienen nada que ver con el tema de la elección.
Y te voy a contar cuál es esa herida, algo que creo que me acompañará hasta que me muera: no haber conseguido ayudar, hacer verdaderamente felices y salvar a dos personas que marcaron mi vida. Eso y otras derrotas varias que me matan la autoestima por momentos.
Quería dejar clara una cosa: si he comentado lo de mis heridas emocionales es porque me ha molestado que alguien se crea que me conoce y empiece a atribuirme supuestos traumas por unos motivos que sólo están en su imaginación. Ya que se habla de mis golpes, lo cuento yo, que sé lo que he vihe vivido y lo que no.
Me siento agradecido por tus palabras y la confianza que muestras. Por cierto, Ana, gratitud y confianza son dos elementos provida. A ti te sobra de eso. Tienes mucha vida en tus actos, pero tengo que decirte que la defensa de la vida no es otra cosa que una declaración de amor. Y el amor verdadero sólo se puede dar sin reservas. Es el certificado de garantía, por decirlo de alguna manera. Pero no pretendo dar lecciones a nadie ni inventar. Tus heridas son manifiestas y profundas. No parecen cercanas, pero tampoco cerradas. La culpabilidad nos indica sobre los actos que hay maneras correctas o incorrectas de hacer una misma cosa y, sobre tu persona, que eres una mujer responsable y sensible. Pero sobre esto es sencillo trabajar, asumir y superar. Por ejemplo, una cura para el remordimiento o la culpa, es hacerte pasar por decoradora, así como muy fashion, y cambiar la iluminación de tu casa. Te habrás fijado que, al entrar en una habitación y dependiendo de la instalación eléctrica, el alumbrado nos provoca emociones distintas y, a veces, incluso contradictorias. Es decir, poner mucha luz sobre algo que hemos hecho mal (o creemos que hemos hecho mal) estaría distorsionando el ambiente y, por otra parte, sería injusto. ¿Acertamos siempre? Particularmente acierto tanto como una escopeta de feria. Pero estoy seguro que si pongo luz en muchas cosas que has hecho bien a lo largo de tu vida, la habitación en la que te ha tocado vivir, cambiará completamente y será generadora de emociones positivas. Podrá ser como una gran ventana abierta a lo que desees. Por cierto, la autoestima es una baile de salón que no depende de los pasos de demos y sí de la música de fondo. ¿Bailarás conmigo? Gracias de nuevo.
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