No son pocas las veces en que la mujer que se acerca a la clínica abortista lo hace acompañada (por no decir escoltada) de sus familiares o amigos más leales. Tampoco son pocas las veces en las que, para hablar con la mujer en cuestión, parece que has de pasar por sobre el cadáver del acompañante. Tal cual. Lo que ocurre en estos casos suele ser parecido. Tengo en mi corazón el último caso que he vivido en las puertas de un abortorio. Una madre trae a su hija. Claro, el novio en casa. Nos acercamos a ofrecer nuestras ayudas, con toda la intención de mostrarle a la mujer que EXISTE la alternativa al aborto. A muchas les parece increíble. La madre se huele y se planta entre la mujer y la tarjeta informativa. Y no solo eso, sino que además interrumpe cada vez que intentas hablar y la chica quiere escucharnos. Y yo me pregunto ¿y ella, la mujer embarazada? No habla, pero mira y escucha. Incluso le asomaron un par de lágrimas. Quiso dejarle su número de teléfono a Marta, de la asociación MásFuturo que ayuda, atiende y siempre están a su lado. Su madre se lo impide con violencia.
Casos como este, todos los días. ¿Qué significa esto?
Si logras atravesar a la barrera del acompañante, entonces encuentras a una mujer interesada en saber lo que ofreces. Pero muchas veces, indignados contigo y con excusas cualquiera, se la llevan. Se la llevan. Bien, esto me ha dado que pensar desde el primer día que fui a hacer rescates. Nos venden el aborto como si fuera el colmo de la libertad, un avance, y me da la risa. Yo no he visto que la mujer que aborta haya tomado semejante decisión porque sea libre, precisamente. Ella está coaccionada por el miedo a perder su trabajo, por problemas económicos, por su angustia e inseguridad, por el miedo a quedarse sola, por la falta de información, pero sobre todo, por la presión social y de su entorno más cercano.
«Aborta y serás libre de tu carga». Esto es lo que se le transmite a la mujer. (Ja! que les pregunten a las que ya lo han hecho)
«El trabajo os hará libres» se leía también a la entrada de los campos de exterminio del gobierno Nazi.
No hemos avanzado. Patricia, una universitaria rescatadora.



Es lo que tienen las madres: quieren lo mejor para sus hijos. Si una hija se queda embarazada siendo adolescente o muy joven, ve que esto interfiere en la continuación de sus estudios y futuro, la va atar más a un mindundi y, en general, le va a complicar la vida (a ella y los suyos), la madre interviene y, si hay que abortar, se aborta.
Qué fácil parece, ¿verdad, Ana? Dice un proverbio algo así: «El malhechor todo lo ve bien hasta que su mala acción da fruto, entonces ve sus desafortunados efectos». Qué fácil parece, ¿verdad, Ana? «Si hay que abortar, se aborta». La frivolidad no es el idioma de las personas necias o irreflexivas, es el lenguaje manipulador de los cínicos.
¡Claro que si! si hay que asesinar se asesina.
Ya hay alguna que otra ingresada en psiquiatría porque sus padres la obligaron a abortar.
¡Qué buenas madres! Ahora su hija no podrá dejar de pensar en su hijo asesinado. Ahora tú me dirás que conoces muchas que no están ingresadas y que son FELICES.
Pero claro es mejor para la futura abuela seguir tomando café con sus amiguitas como si nada, o ver salsa rosa o hablar sobre cualquier frivolidad.
¿Pero no hay que dar libertad a los hijos?, parece ser que para acostarse con cualquier muchacho si les dan libertad y no les importa mucho el asunto. Pero cuando se trata de decidir la vida de su futuro hijo, nada de libertad, a matarlo.
¿No te parece cruel y perverso? Un plan perfecto para destrozar la vida de una muchacha.