Hay quien dice que las historias se repiten, aunque creo que cada historia es diferente de todas las demás. Porque, en lo que se refiere al hecho plantearse seguir adelante con un embarazo no deseado, tal vez lo que se reproduce en muchas historias sea ese sentimiento tan humano que es el miedo. Una emoción artificiada por el cerebro que pretende, en su aspecto más primario, ser un mecanismo de supervivencia, pero que se convierte en esta sociedad desaforada que nos ha tocado vivir, en algo completamente irracional. Es el miedo a un ser humano pequeño e indefenso, y que nos anula el derecho a recibir ese regalo como una de las mayores alegrías de nuestra existencia. No lo negaremos, el miedo a veces nos vence y es ese miedo el que otorga a las historias un aire de semejanza. Sea como fuere, me urge citar a un héroe de ficción de nuestros días: «el miedo no es real, es una opción». Esta sentencia se ha personificado en una mujer, porque su miedo era una opción, pero también lo fue la valiente decisión de seguir los pasos de la vida. Vino de un país lejano a trabajar dejando atrás una familia a la que no ve desde hace años. La conocimos una tarde cualquiera haciendo rescates. Nos contaba que se quedó embarazada muy joven, con dieciséis años recién cumplidos. Tuvo una hija preciosa y os aseguro que sus ojos no mentían cuando nos dijo que esa niña era lo mejor que le había pasado. Es curioso cómo la vida nos permite emocionarnos con las cosas que realmente tienen sentido, con esos sentimientos sencillos que nos hacen felices. Pero sigo con el relato para deciros que, desde aquel maravilloso día, han pasado poco más de dieciséis años y ahora, madre e hija, separadas por miles de kilómetros, guardan un maravilloso tesoro. Ambas están embarazadas. No, la historia no se repite, la historia tenía que ser así, porque es necesario que ella vuelva a tomar una valiente decisión para que su hija, que se está debatiendo entre la vida y la muerte de su pequeño, sepa que los miedos se pueden vencer. Así como lo hizo su madre con ella misma en sus entrañas, como puede hacerlo ahora. Las presiones son fuertes para abortar a ambos lados, pero nada ni nadie podrá destruir un puente que pueda fundir a una madre con su hija. Un puente que cruzará el atlántico uniendo dos nuevas vidas. Una senda hecha de valor y coraje, empedrada del material con el que se forja la esperanza. Es cierto, el miedo no es real, pero la vida es muy real y esa será siempre, siempre, la mejor opción.
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