Ayer cuando estábamos rezando el rosario a las 20h como cada 25 del mes; pasó una chica con gafas oscuras que cuando nos había rebasado se volvió, se quitó las gafas; se dirigió a Anna y a mi diciéndonos: «¡Cómo me arrepiento de haberlo hecho! ¿no os acordáis de mi?Vine hace un mes y no he dejado de llorar desde entonces. Ni mi familia ni la de él querían que lo tuviera y me habían amenazado con cortarme el cuello.» Entonces yo recordé el incidente de una familia de muchos miembros a los que una señora bastante gruesa había «apostado» en las inmediaciones de la clínica para, según le oí decir, evitar que se acercaran a la chica y que entraran a la clínica a molestarla». Yo lo oí y lo vi todo porque ese martes llegué muy pronto y en cuanto las vi a la madre y a la hija supe enseguida que venían a abortar. Estaban apoyadas en la pared de la farmacia que hace esquina y daba un poquito el sol. La chica estaba aterida de frío (tienen que venir en ayunas) y de miedo. Pero la madre enseguida me dijo: «no le diga usted esas cosas a la chica» ¿no ve que no tiene marido? Yo no le hacia caso a la señora y seguía hablando con la chica que me cogió los papeles y me preguntaba cosas… Ayer cuando nos confesaba cómo estaba su corazón de roto, se le notaba todavía que no se daba cuenta de lo que había pasado. Ella no se daba cuenta de que había sido víctima de la violencia (machista y feminista) pues nadie la defendió; y todos fueron cómplices. ¿Se cumplió en esta chica el requisito que, según dicta la ley; la última palabra la tiene la mujer? Me pregunto ¿cuál fue el dictamen del psiquiatra que la atendió para firmar la sentencia de muerte de su hijo? Le diría que su vida estaba en peligro si no abortaba porque en la puerta estaban esperándola el clan de su pareja y que la habían amenazado con crtarle el cuello si seguía adelante con el embarazo?¿Por qué no se llamó a la policía nacional desde la clínica si se tenía sospechas de que se estaba cometiendo un delito?Tenía los ojos hinchados, el corazón roto y la mente colapsada. No se daba cuenta de que, lo de llorar sin parar y buscar cómo distraerte en «vivir la vida a lo loco» es solo el comienzo de una pendiente que no le va a llevar a ningún sitio con paz. Ella no ha puesto denuncia…como miles de las que no denuncian después de ser agredidas y humilladas por personas que deberían haberlas defendido. Es el Síndrome de Indefensión Aprendida. Yo fui a contárselo al Delegado del Gobierno a la semana siguiente. Pero lamentablemente los niños que mueren en el abortorio de Badajoz no nos impresionan tanto como los que mueren en un accidente de tren. Artículo remitido y escrito por Margarita Cabrer, Cruz de San Andres.
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