Gravity

No he podido evitarlo, he vuelto a ver la película. Es una obra maestra. Lejos quedan aquellas estúpidas «odiseas» en el espacio, opacas y ceñidas a lo artificial. Gravity es una maravillosa metáfora de la vida desde su misma concepción. La ingravidez espacial, en la que se desarrolla el núcleo del argumento, es un trasunto del género humano en ese momento tan especial y mágico por el que todos hemos pasado: el vientre de nuestra madre. «Que hermoso es todo desde aquí arriba», dice el veterano astronauta Kowalski mirando a la tierra. Alguien apasionado dirá que esa mirada la dirige un hijo al corazón de su madre en ese espacio de paz y belleza donde se desarrolla. En la ficción, esa tranquilidad perfecta se ve, de manera abrupta y violenta, rota por el peligro originado con la destrucción de un viejo satélite soviético que provoca una reacción en cadena a escala global. No estoy loco al ver en ello la analogía perfecta de un ser humano en peligro de aborto. Un indefenso ser condenado a la hostilidad y a la supervivencia en el lugar más seguro y bello que nadie pueda imaginar. Gravity representa la lucha de la humanidad por la vida frente a una explosión, en millones de pedazos, de una ideología criminal que amenaza nuestra más íntima esperanza. La comandante Stone, única superviviente, se dirige a la nave Soyuz, claro emblema del anacronismo socialista, de la que tiene que huir, porque esa ideología se destruirá a sí misma en un simbólico incendio. Finalmente, tras una aventura que ha podido acabar con su vida, aterriza en una cápsula espacial. En su contacto con la tierra termina por hundirse en el agua y aparece, en una escena apoteósica, la figura de la protagonista, que representa a la humanidad entera, naciendo a una vida que es de todos y para todos. Es la superación de la muerte, la liberación de unas cadenas aberrantes, de lastres indecorosos que solo deben formar parte del pasado. El final es, sencillamente, la imagen del alumbramiento de un ser humano cualquiera, único e irrepetible, con la absoluta libertad para vivir y el sagrado derecho a nacer.  

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