Tal vez porque las cosas ocurren porque tienen que ocurrir o porque eso que llamamos casualidades son las razones que nos hacen vislumbrar el maravilloso milagro de la vida. Pues bien, de una de estas razones, de una de estas casualidades de la vida, fuimos testigos una tarde cualquiera haciendo rescates. Andrea estaba esperando para entrar en quirófano para su cita con el aborto en su semana veinte de embarazo. El tiempo de espera se le debió hacer eterno porque sintió la necesidad de salir, bajar a la calle y encontrarse con Brian, su novio. Así la conocimos. Andrea es casi una niña y necesitaba hablar, desahogarse. Tal vez creer y saber que siempre es posible seguir adelante y que el aborto no es más que un camino sin retorno. Brian nos contemplaba al principio desde lejos, apesadumbrado. Además de las circunstancias que les llevaron a abortar, esa misma mañana, Brian se había despedido de su madre para mucho tiempo, ya camino a su país al otro lado del atlántico. Ese sentimiento de desamparo nos sirvió para hacerles ver no podían darle la espalda a su hijo, que la vida se les presentaba como una oportunidad única e irrepetible para ser felices. Hablamos, escuchamos, nos emocionamos todos. Quisimos acercar la mano de Brian al vientre de Andrea para sentir la vida gestante y desde ese momento todo fue más fácil. «Es vuestro hijo y esto que os está ocurriendo no es un problema, es un acontecimiento en vuestras vidas». Y así comenzaron a vivirloya de camino a Madrina, como deberíamos vivir cualquier embarazo: como un regalo, como un acontecimiento maravilloso. Como una buena noticia. No vamos a ocultar que las visicitudes por las que ahora están pasando son duras, muy duras. En el plano familiar y económicamente, las circunstancias no serán favorables. Pero la decisión ha sido firme y nuestra ayuda nos les faltará. Saben que el camino no es fácil, pero ahora también saben que la vida compensa. Sí, la vida se abre camino entre lo inaudito e ignora lo imposible, como una luz que se hace más intensa al lado de la oscuridad. Sin duda la vida salió a nuestro encuentro, los rescatadores simplemente estábamos allí. No, no es fruto de la casualidad, es una de estas razones que la vida nos ofrece para saber que todo tiene un sentido y que ese sentido llena nuestras vidas de esperanza. Tal vez porque ese sea el significado de una vida: nuestra esperanza. Tal vez porque Dios nos bendice con la vida para que no perdamos nunca esa esperanza.
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