-«Mamá, esa barriga no es de comer. Esa barriga es de un niño». Caty, que salía de la ducha, miró su desnudo perfil en el espejo. Su hija tal vez tuviese razón. ¿Y si estaba embarazada? Su alma se encendió ante esta idea. De repente parecía que todo encajaba, que el cielo se abría. Rápidamene bajaron las dos a una farmacia: positivo. Era cierto. Volvieron a probar: positivo. ¡Dios mío! Madre e hija se fundieron llorando en un abrazo con el nuevo ser sabiendo que esa maravillosa noticia era el comienzo de una nueva vida, una vida que se había roto dos meses atrás.
Esta es una de esas historias que nos llenan el alma de felicidad después de haber visto el dolor y el sufrimiento de una familia. Una de esas historias que abren una enorme ventana al cielo para llenarnos de esperanza. Nestor y Caty, una pareja de inmigrantes trabajadores y responsables. Con una hija en común que ya contaba con doce años. Habían pensado en tener más hijos. Era el momento, su situación económica lo permitía después de años de duro empeño y esfuerzo. Además, contaban ya con casa propia y trabajo estable.Pero, el hombre propone y Dios dispone. Caty no se quedaba embarazada. Fueron incluso a visitar al médico para pedir consejo. Y así fueron las cosas hasta que ocurrió la tragedia: Nestor fallece consecuencia de un derrame cerebral. La familia se hunde ante lo ocurrido. Sería imposible describir su estado de ánimo. La fortaleza de Caty sólo llega para transmitir todo su cariño a la hija que acaba de perder a su padre. Está agotada, deshecha. Todo se funde en negro. Incluso debe sufrir ver pasar los días para conseguir las licencias oportunas para repatriar el cuerpo. El viaje transoceánico en avión es interminable, las ocho horas de mala carretera hasta el pueblo natal, el dolor de la familia y amigos, el entierro, el último adiós. No puede más. Ya no tiene fuerzas ni para rendirse. Y ahora la vida de vuelta y sin él. Pasa casi el día entero durmiendo como consecuencia de los antidepresivos recetados por el médico. Apenas come y le cuesta trabajo casi sostenerse en pié. Pareciera que vive sin apenas darse cuenta de ello. Hasta ese maravilloso día, hasta ese maravilloso descubrimiento hecho por la niña. Nestor falleció sin saber que su esposa estaba embarazada, embarazada del niño que tanto ansiaron tener. Se podrá pensar que esta no es más que una historia sobre la crueldad del destino. Pero yo creo que es un milagro de la vida. No, esa barriga no era de comer como esta historia no es de tristeza. No puede serlo. Ninguna vida sustituye a otra, pero veo en los ojos de Caty la serenidad y la gratitud con la vida que me hacen reconocer, que aunque tal vez no lleguemos a saber porqué ocurren cosas que nunca desearíamos que ocurrieran, la vida tiene milagros maravillosos que consiguen hacernos felices en nuestros corazones. Sí, hablo de felicidad. Y tengo que decir que las cosas no fueron fáciles. Después del test, ya en la consulta médica, la primera respuesta fue: -«Sabes, Caty, que existen otras soluciones, ¿verdad?«. Ella no paraba de llorar. De llorar de tanta felicidad que apenas se dio cuenta que le estaban ofreciendo abortar. Tanta era su dicha, tanta era su gratitud. Y alguien dirá que esta historia no tiene un final feliz porque Caty perdió su antiguo trabajo, vio agotado su subsidio de desempleo, su pensión de viudedad es casi ridícula, los trabajos de limpieza en casas particulares no le hacen llegar a final de mes y, además, la situación financiera le provocará finalmente un desahucio. Esto es así y no lo vamos a negar. Pero yo digo que esta historia tiene final feliz porque he visto a Caty cuando me habla de sus hijos, de Karla y de ese ángel, el pequeño Gabriel. Porque he vivido la inmensa paz y tranquilidad que siente al ver con sus propios ojos que la vida ha triunfado y que esto es lo más importante. Gracias, Caty, por hacernos ver que la vida no se equivoca, que la vida es más fuerte que el dolor, que la vida es una bendición, que la vida es la imagen de ese amor que nos arropa desde el cielo y que la vida siempre, siempre será nuestra esperanza. Que Dios os bendiga.


