Renovadas ilusiones

Por su edad podrían ser los protagonistas de esta historia, dos jóvenes de dieciocho y veinte años, pero no lo son. Sus padres son los protagonistas. Una maravillosa pareja de ecuatorianos que llevan un montón de tiempo en nuestro país. Celebraron nupcias a temprana edad y vinieron rápido los dos hijos. Decidieron emigrar en un momento dado buscando oportunidades y persiguiendo sueños. Se concentraron en lo que habían venido a hacer: trabajar, trabajar y trabajar. Y así fue cómo transcurrieron los años manteniendo a la familia, y dando estudios y medios a sus hijos que iban haciéndose mayores. ¿Quién les iba a decir que, después de tantos años, ella se volvería a quedar embarazada? Pues bien, así ha sido y esto es precioso. Es cierto que los conocimos a las puertas de un abortorio, pero hablando con ellos nos dimos rápidamente cuenta que pesaba más la conmoción que les había provocado la buena nueva, que los argumentos que frágilmente pudieron esbozar. Con tantos años pasados, se diría que ser de nuevo padres es casi ser padres por primera vez, pero es algo más. Mucho más. Porque en la madurez de la vida, cuando tenemos la confianza en el amor de una pareja, un hijo que pueda venir, como es el caso, supera lo que es el fruto del amor. Es un gran regalo que nos da la vida para renovar nuestras ilusiones, para volver a mirar más de cerca los detalles de la vida que tantas veces, con el paso del tiempo, tendemos a ignorar y olvidamos en el camino. Este obsequio renueva esperanzas, actualiza nuestros sentimientos o, como dirá alguien más moderno, resetea nuestro corazón. Porque la vida es como un espejo que siempre nos devolverá esperanza si miramos agradecidos y he visto en sus ojos esa gratitud. Sí, la vida es y será vuestro mejor tiempo, el perfecto calendario para medir el futuro de vuestra familia. Que Dios os bendiga. 

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