Hay una canción que dice: «mis cuentos no hablaban de historias hechas de casualidad». Tal vez porque la casualidad no exista o porque aquellas cosas que llamamos azar tienen las raíces tan profundas que apenas podemos reconocerlas. Pues bien, este cuento maravilloso que vamos a relatar no lo ha redactado ningún azar, se ha escrito al dictado de la vida y lo firma la esperanza. El texto perfecto para una preciosa ilusión. «Ella se enfadó conmigo. Se enfadó mucho». Acudían a su cita con el aborto y «llegaron tarde». Sencillamente llegaron tarde y ella, embarazada de seis semanas, culpó a su marido del retraso. La cita tuvo que ser anulada para el día siguiente y así fue cómo nos lo contaron a las puertas de la Dator ese nuevo día. Sí, es cierto, nuestros protagonistas tuvieron miedo inicialmente, pero como todos nosotros lo tenemos cuando nos enfrentamos a decisiones vitales. Además, existían antecedentes que motivarían la preocupación de cualquier padre. El niño que la pareja ya tiene y que cuenta con apenas dos añitos, tuvo problemas en el parto y consecuencia de ello, secuelas a nivel psicomotriz. Este miedo les llevó a tomar una primera decisión equivocada con ese antecedente. También los problemas económicos, las «apreturas» familiares y la falta de una merecida estabilidad laboral, pero como nos decía el padre, «dónde comen tres, comen cuatro». Sin duda, el miedo puede ser el mayor de los obstáculos, la pertinaz niebla que esconde nuestro camino, pero la vida es más fuerte que todo esto. Claro que es posible vencer el miedo. ¡Es posible! Y así lo entendieron los padres. Los rescatadores, simplemente, estábamos allí. Por eso creo que esto no puede ser casualidad, porque sé que donde existe la vida brota la esperanza y florece el futuro. Y la misma vida, estoy seguro, propició ese encuentro «casual». La vida nos lo da todo, tal vez incluso lo nunca se nos ocurriría pedir, porque el cuento no acaba aquí. El rescate fue rotundo, alegre y relajado. Acudieron a Madrina y a la clínica para el primer reconocimiento médico, y transcurrido un tiempo, en una nueva consulta, una ecografía descubrió un maravilloso regalo: gemelos. El regalo nunca imaginado, la fuerza con la que la vida quería atar las dudas y los temores. El regalo más grande para los padres felices, el regalo más grande para el hijo que tendrá ahora dos hermanitos que cuidarán de él cuando falten los padres y el regalo más grande para nosotros porque la vida siempre es la mejor noticia. No, este cuento no habla de una historia hecha de casualidad. La vida nunca se equivoca y no lo hace porque no está hecha de ese tipo de materiales. Que Dios os bendiga.
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