Una imagen vale más que mil palabras

Esto podría ser así, aunque tal vez alguien podría cuestionarlo y quién sabe si, incluso, afirmar lo contrario: que una palabra vale más que mil imágenes. En cualquier caso y haciendo mención a nuestra tarea de rescates a las puertas de un centro abortista, cualquiera de estas legítimas actitudes puede resultar decisiva. En el respeto debido a las mujeres y a las decisiones que quieran tomar o hayan tomado ya con respecto a sus embarazos, el puente que podamos ofrecer mediante ayudas está, de manera frágil, cimentado en el diálogo. Pues bien, humildemente creo que la aparición de cualquier tipo de imagen cruenta de un aborto puede cortar ese puente, pudiendo echar a perder esas «mil palabras» tan necesarias en unos momentos únicos y preciosos. Con este tipo de imágenes podemos llegar muy lejos con la razón de nuestra parte, pero tan lejos que no nos demos cuenta de lo cerca que tenemos la vida. Veo a una mujer que se acerca a la Dator y quiero acercarme a ella en una escena en la que, simplemente, hay personas que hablan, personas que escuchan. Y en esta situación, no quiero tanto mostrale lo que va a hacer: cercenar la vida de su propio hijo. Y si, por contra, esforzarme para que vea lo que es capaz de llegar a ser, aquello que nunca ha creído posible en su estado actual: ser madre por primera vez o ser madre de nuevo. Con la mejor de nuestras intenciones y en esa primera línea de fuego que es nuestra esquina, pensamos que una imagen cruda de un aborto puede llevar a la reflexión, al modo de una campaña antitabaco, casi sin pensar que dejar de fumar es solo un acto de voluntad y ser madre es un maravilloso acto de amor. Desde mi experiencia, creo que inocular el veneno de la culpa no añade valor a un diálogo que debe ser tranquilo y sereno. Alguien diría que tierno. No sería si no el diálogo con un milagro, el milagro de la vida. Si pierdo eso, la vida se me escapa entre mis deseos. Tendremos una imagen, real y verdadera, pero solo una imagen. Y en un diálogo en el que exista el peligro de cerrar unos oídos, se tambaleará la libertad del encuentro, cuando ese diálogo está lleno de cosas importantes y de cosas que debo descubrir. Seguro que podremos encontrar otros muchos lugares para mostrar de manera explícita la dura realidad del aborto. Le pido a Dios gratitud, entendimiento, prudencia y una voluntad firme para mantener un corazón abierto y unas manos desnudas. Y amor, porque sin duda, rescatamos cuando amamos, porque cualquier acto de amor siempre, siempre tendrá recompensa. Un rescatador.

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