Este libro no solo es un bestseller sobre la fuerza del amor o sobre la importancia de aprovechar cada segundo. Es mucho más lo que se descubrirá con el hermoso testimonio de esta familia. Algo más sencillo, pero con lo que quedaremos deslumbrados si lo deseamos explorar. Quizás porque la vida no admite amores a medias o tal vez porque el amor tampoco admite vidas a medias. «-Su hija pequeña…, enfermedad genética grave…, leucodistrofia metacromática…, alteración degenerativa…, esperanza de vida muy limitada…» El cerebro de una madre se paraliza. Anne se niega a comprender, su hijita menor solo tiene dos años. Además, está embarazada de cuatro meses: «-¿Y con respecto a nuestro futuro bebé? -Hay una posibilidad entre cuatro de que le afecte también. Veinticinco por ciento de probabilidades… El mundo se viene abajo. Ante nuestros pies, un espantoso agujero negro. El futuro se reduce a la nada. Sin embargo, en ese instante vital nuestro instinto de supervivencia se impone durante unos segundos, breves pero decisivos. No, no queremos diagnósticos prenatales. Queremos a este bebé. ¡Es la vida! Una lucecita minúscula en un horizonte de ébano». Efectivamente, les sugieren abortar. El matrimonio no se plantea nada porque no tienen nada que plantearse: ¡es la vida! Sencillamente. Para ellos la vida no es una elección. Tal vez una vocación o el primer amor. La familia, que va viendo como el cuerpo de la pequeña Thaïs se va consumiendo rápidamente por la enfermedad, soportando la incertidumbre de que la vida de la pequeña por nacer tenga el mismo final, toma una firme decisión: «añadir vida a los días cuando ya no se pueden añadir días a la vida». Pues bien, esta lección la quiero traducir para mi vida y más concretamente me pregunto si, en mi tarea de rescates, pueda transformarme con esa misma actitud. Pensar que si una mujer tiene la facultad de «añadir días» a la vida de su bebé con una decisión que solo está en sus manos pueda, por mi parte, «añadir vida» a los instantes que me conceda. Aprovechar los momentos que sus dudas, a veces sus miedos o sus necesidades materiales, puedan generosamente concederme. Sí, llenar ese encuentro de vida y, por qué no, esperar con ello que esos días que anhelamos puedan quedar anclados a la esperanza, tal y como la esperanza está anclada a la vida. Sería sin duda un precioso regalo, como el que nos muestra, de manera sencilla y conmovedora, la maravillosa familia protagonista de este libro. Un millón de gracias.
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