Rebelión en la granja

Podría ser el título de una fábula o incluso el comienzo de alguna historia hecha para niños, de esas que tanto nos llegan a enternecer. Desgraciadamente, la actualidad nos lleva a otro tipo de género más siniestro y negro, algo que va más allá del terror. Estaríamos describiendo el ambiente de una granja regentada por una persona infame, sometida por un hombre codicioso y pérfido. Un granjero sin escrúpulos con vocación de hacer daño a los animales, simplemente para sacar beneficio con un entretenimiento brutal. Pero este cuento no tiene como actores a pollos y a cerdos. Los protagonistas de esta realidad son seres humanos. Seres vivos, seres nuestros, seres pequeños, seres inocentes. Seres aniquilados. Llevados a un patíbulo quirúrgicamente esterilizado, al altar del progreso social, ofrendas de un adorado tótem moderno pintado con un derecho que se han querido inventar. Y el malvado granjero no es un personaje de ficción, la fantasía febril de un autor o la vida simulada sobre un triste papel. Es todo un señor profesional de la medicina con nombre y apellidos. El responsable de un centro mal llamado médico que ha jurado, en el inicio mismo de su carrera, defender la vida de sus pacientes. No son cerdos, no son pollos, o algún otro animal enfrentado a una máquina trituradora personalizada con número de serie y con el único objetivo de no dejar huellas. Un artefacto diseñado para la industria cárnica, perfectamente engrasado y en adecuado funcionamiento para destrozar los cuerpos de cientos de seres humanos. Un mecanismo con el que el pretendido granjero ha querido hacer desaparecer la ignominia de un crimen, la crueldad de unos actos injustificados, la deshora de una conducta sin nombre. Las personas que amamos la vida y que luchamos para que ese derecho a vivir sea de todos, nos alegramos con la justicia. Escucha bien, maldito granjero: tu casa está deshecha, tu traición tiene ahora una respuesta. Tienes la rebelión en marcha, la revolución ha llegado a tu granja y no son esos animales los que te excusan, son las vidas de inocentes las que te acusan. Las vidas maltratadas se rebelan, los sueños triturados se amotinan, la esperanza ha dicho basta. Todas esas ilusiones prometidas y robadas quieren justicia, y tu mundo codiciado ya no quiere estar del revés. La verdad ha llamado a tu puerta para mirarte a la cara. Y queremos que sepas que la vida no te quiere vencer. La vida solo quiere vivir. Quiere llorar emocionada con el llanto de un nacido, ver la sonrisa tierna de un pequeño, acariciar unas manitas que nos buscan inseguras, escuchar el aliento apresurado y saborear unos instantes únicos del color de un amanecer. Un niño que nace es la silueta del futuro y la esperanza en nuestro anochecer. Sí, señor granjero, me alegro y doy gracias a la vida. Porque la vida, la vida sigue estando en pie.
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