(Le Figaro, ReL)El pasado mes de julio, la Asamblea Nacional de Francia votó un proyecto de ley que autorizaba la investigación con embriones humanos (una práctica que daña y destruye a los individuos humanos en esa etapa de su desarrollo). El filósofo Fabrice Hadjadj, director de Philanthropos, el Instituto Europeo de Estudios Antropológicos (Friburgo, Suiza), analizaba, en una entrevista que reproducimos a continuación, el estatuto del embrión humano. Desmantela el pensamiento débil que justifica el aborto y la explotación de embriones humanos. –Muchos afirman que «el embrión no es una persona». ¿Qué piensa usted sobre esto?
– Es curioso, no se busca jamás a un filósofo para practicar una reproducción asistida, pero no se duda en preguntar a un médico sobre cuestiones filosóficas.
»Quiero recordar que la noción de persona es una noción metafísica, de origen teológico incluso, y que no la podemos emplear así como así sin ser más arribista y más vanidoso que «El burgués gentilhombre»[la comedia de Molière, del s.XVII].
»Por otra parte, no sé si usted se ha dado cuenta, pero nos esforzamos en decir «el embrión», sin más. Pero, ¿de qué se trata? ¿De un embrión de vaca, de macaco, de ornitorrinco? No, se trata de un embrión humano.
»¿Implantaría él un embrión de ratón en las mujeres que le solicitan una reproducción asistida? ¿Por qué no, si no hay ninguna diferencia? La evidencia es que el embrión sobre el que estamos hablando es humano. Ningún científico puede decir lo contrario.
– ¿Podemos afirmar al mismo tiempo que el embrión humano «no es una persona», y que «se convertirá en una persona» en la medida en que se inscribe en un proyecto parental?
– Los científicos que apoyan esto son, verdaderamente, adeptos de la magia negra.¡Abracadabra! Yo quiero que sea una persona, y es una persona. Esto no entra en mi proyecto y ¡puf! ¡La persona desaparece! Estamos verdaderamente en el reino de los aprendices de brujos.



Da gusto oir decir cosas normales de la manera más natural. Este señor es poco conocido en España, pero es bueno, brillante y, lástima, francés. De origen judío y profundamente marxista hasta… su conversión al catolicismo. Es profesor y experto en temas religiosos. Recomiendo encarecidamente la lectura de su libro «La fe de los demonios o el ateísmo superado». Lo publicó Nuevo Inicio hace un par de años. Es libro de cabecera para los ateos que creemos en Dios y que personalmente recomiendo a los que todavía duermen con el catecismo como pañal. Un beso, la vida es bella. Pues no, señores, la vida no es bella, la vida es… ¿qué cosa es la vida? La vida es belleza. ¡Eh, tú! Ahora vas y sacralizas el aborto. ¡Pendejos…!