Soy una pera

Con niños pequeños procuras hacer, de las tediosas tareas domésticas, un juego divertido. Así, para nuestro hijo de tres años, realizar la compra semanal es una aventura montado su “mágico” carrito metálico. Es curioso cómo estos pequeños te hacen reflexionar con sus acciones y palabras. Estábamos eligiendo la fruta y se le ocurrió coger una de esas diminutas etiquetas que los mayoristas pegan en cada pieza, ponérsela en la frente y mirar sonriendo a sus padres para decir: “soy una pera”. Es verdad, todos nos ponemos etiquetas que nos identifican. Hay incluso algunos, lo he visto con mis propios ojos, que se las llegan a tatuar en la piel. Otros dicen haber visto a mujeres con el torso desnudo y pintado con consignas que resultan, finalmente, indescifrables por el vaivén natural de tan insospechado soporte caligráfico. En fin, son anécdotas que me ayudan a exponer mi valoración sobre las concentraciones que, a favor de la vida, se celebraron este pasado domingo. Participé en la de Madrid y he oído distintos comentarios sobre el nivel de asistencia. Todos desearíamos que rebosaran las calles de manifestantes y tal vez por ello, para algunos, tuvo poco respaldo. Análisis contrario al que hacen los organizadores después, justo es admitirlo, de un esfuerzo digno de agradecimiento. Mi opinión es que no es tan importante el número de asistentes como el propósito del evento: sacar nuestra “etiqueta” a la calle. Sinceramente, creo que poco importa, querido lector, que fueras o no las manifestaciones, a ésta o a cualquiera de las convocadas con anterioridad, y a las que puedan venir mañana. Lo importante es la actitud de defensa de la vida que mostremos en cualquier circunstancia y lugar. Exhibir “la etiqueta” en nuestra vida cotidiana, sin miedos y sin prejuicios, y con la alegría de tener una verdad incuestionable y maravillosa de nuestra parte. Una gran manifestación puede ser necesaria, pero son esas pequeñas “etiquetas”, repartidas por todos los rincones de la sociedad, las que perduran y fructifican. Por eso, quiero trasladarte todo mi ánimo y la fuerza que necesites para dar ese testimonio y para renovar la ilusión por el regalo que nos trae cada nueva vida: la esperanza en el ser humano. Nuestra victoria está asegurada. Es sencillo, tal vez baste comenzar diciendo algo así como: mi nombre es David Gimeno y soy “provida”. Mil gracias y un saludo.

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3 respuestas a Soy una pera

  1. Irene sanchez dijo:

    Yo también “soy una pera”.

  2. . dijo:

    Me uno a la cadena, pero diré: “soy un melón”. Da igual la pieza en cuestión si estamos a favor de la vida. Todos estamos llamados a defender la vida, el derecho a vivir de todos. ¿Habrá quien diga, que sé yo: “soy una ciruela”? Es cuestión de sumar.

  3. pelos dijo:

    Me encanta la gente valiente, honesta y ProVida. Yo también soy una pera.

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