Nos querrían “ciegos sordos y mudos” pero va a ser que no

El “sanedrín” progre se rasga las vestiduras cuando alguien intenta abrir los ojos de quienes no son capaces de ver ni sentir ni gritar, ante el holocausto que suponen 1.720 millones de no-nacidos matados por el aborto desde 1973 en todo el mundo. Ni de los incontables “embriones-cobaya” sacrificados en aras de investigaciones que nada aportan al progreso de la Humanidad, porque “nada merece el precio de vidas humanas”. Digo esto a propósito del ruido mediático que llevamos días padeciendo por un autobús publicitario con fotos “explícitas” de fetos abortados, que se pasea por Madrid. Los responsables de la campaña se explican en abortono.org. La Sra. Valenciano, cómo no, dice que se trata de una campaña de “terrorismo publicitario” que “hiere gravemente la sensibilidad de todas las mujeres que alguna vez han interrumpido su embarazo”.El incidente de las imágenes molestas a traído a mi mente el “cuento” de los tres monos sabios y la curiosidad me guió hasta http://jpdiuco.wordpress.com de donde extracto para vuestra consideración dos interesantes párrafos:

«Existen varias posibilidades de colocar jerárquicamente a los tres monos; pero todas ellas, excepto una, son situaciones de comunicación fallida, de asistencia colaborativa imposible. La combinación correcta es: primero el mono sordo, que ve y le explica al segundo lo que ve; el segundo es el mono ciego, que no necesita ver, pues solo necesita escuchar lo que le dice el primero y transmitírselo al tercero, que es el mono mudo, que no necesita hablar, sino solo escuchar, ver, decidir lo que mejor convenga y velar por su cumplimiento. El lector perspicaz comprenderá que cualquier otra combinación conduce irremisiblemente al incumplimiento de la misión encomendada.
En nuestra sociedad, la situación se deteriora cuando arriba se sitúan los mudos, que ven pero que callan y aprovechan su posición para silenciar todo aquello que no les interesa que se sepa. Cuando los ciegos ocupan el lugar encumbrado que no les corresponde, escasos o carentes de visión, tan solo nos pueden conducir a sus tinieblas. Y que decir si en medio, entre los unos y los otros, se sitúan los sordos; incapaces de escuchar mensaje alguno, tan sólo podrán trasmitir a los ciegos y a los mudos sus propias alucinaciones y fantasías.». DAVJaen.

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