Tendiendo puentes

Es Toni, “El suizo”. Así es apodado por los miles de amigos que tiene por el mundo. Beat Anton Rüttiman contaba apenas diecinueve años cuando abandonó su hogar, su país, la vida que hasta ese momento había conocido. Sintió la necesidad de acudir en auxilio de los damnificados por el terremoto que devastó Ecuador hace ya más de veinticinco años. Comenzaba una vocación. Con ese desastre natural había mucho por hacer, pero rápidamente observó que uno de los principales problemas era el aislamiento de aldeas enteras después de la destrucción. Los ríos embravecidos habían barrido los puentes que conectaban a los lugareños con los principales caminos, con las escuelas y hospitales. “Construir un puente no puede ser tan difícil”, pensó. Así levantó su primer puente peatonal. Actualmente lleva más de cuatrocientos que benefician a más de un millón de personas con escasos recursos. En cualquier parte del mundo donde pueda hacer falta, pone al servicio de un pueblo necesitado su voluntad, sus conocimientos y experiencia y, con los materiales reciclados cedidos por las grandes empresas y la ayuda de las propias gentes, es capaz de llevar adelante esos necesarios proyectos. “Cualquier cosa es posible cuando se pone voluntad de sacrificio al servicio del bien común”. Y concluye de manera certera y sugerente: “hacen falta muchos puentes en este mundo”. Una vida impresionante, sin duda, y una labor preciosa la de hacer algo que los demás necesitan. Por eso he querido traer esta historia, porque en ese afán tiene su función la Escuela de Rescate. Quizá el pasar tantas horas de nuestro tiempo libre frente a un centro abortista, no sea otra cosa que tender puentes a la vida, recuperando la ilusión por un nuevo ser, por el gran regalo que reciben mujeres en situaciones, muchas veces, muy complicadas. Es verdad, hacen falta muchos puentes y tal vez, querido lector, tengas curiosidad por saber lo que se siente cuando eres “atravesado” por la esperanza. El padre de Toni, ofuscado ante la extraordinaria decisión de su hijo, de su viaje al otro lado del mundo y ya sin argumentos para disuadirle, le contestó: “¿qué vas a hacer allí?, ¿tú crees que te están esperando?”. Pues bien, invitándote a participar en nuestra labor, responderé: debemos estar allí porque hay madres, te lo aseguro, que nos están esperando. La vida nos necesita y tú puedes hacer mucho todavía.

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Una respuesta a Tendiendo puentes

  1. . dijo:

    No conocía a este señor y he visto su “curriculum” por internet. ¡Impresionante! Gracias por ponerlo. Bueno, y gracias por vuestra labor, también es impresionante.

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