Apartheid

Posiblemente chirriará en los oídos de muchos, pero lo tengo que decir: Mandela ha muerto y el “apartheid” sigue vivo. En Sudáfrica el aborto es legal y existe una flagrante, injusta e inhumana segregación contra el no nacido. Este hombre, al que reconozco actos de enorme mérito, como la providente actitud de reconciliación después de tan largo presidio, cometió graves errores, teniendo una importante y activa participación en la legalización del aborto en su país. Pocos estados sufren una ley tan permisiva como la sudafricana. Fue un empeño personal de Nelson Mandela y de su gobierno en el Parlamento, aún en contra de los deseos de su pueblo. Así se promulgó la Ley de Elección sobre la Interrupción del Embarazo dos años después de alcanzar el poder. Permite el aborto sin ninguna restricción durante las doce primeras semanas del embarazo, dentro de las veinte semanas, en numerosas situaciones y, en cualquier momento, si existe riesgo para la vida de la mujer o si se presentan anomalías en el feto. Unos años más tarde se reforma la ley posibilitando un mayor acceso a estos servicios mortuorios, especialmente a las mujeres pobres, jóvenes y de zonas rurales. Enseguida se aduce la rebaja significativa de la mortalidad materna que la ley aportó, aunque es curioso que esos datos con los que justifican los crímenes, son siempre proporcionados por los mismos aborteros. Al menos reconocen, paradójicamente en la palabra “materna”, la existencia inevitable de un hijo, de un ser humano. En definitiva, Mandela se convirtió, literalmente, en una “marca comercial”, utilizada en su país en esta importantísima cuestión y, a nivel internacional, para defender los derechos antivida de las grandes corporaciones multinacionales de la industria del aborto. Tuvo importantes reconocimientos, como el otorgado por cierto incalificable pesebre sueco, al igual que otros ilustres aborteros, y solo cito a su aventajadísimo discípulo en la lucha contra la vida, Barack Obama. Poco más debo decir, encomiendo para su descanso eterno y traigo una frase de ese Madiba que todos admiramos: “El perdón libera el alma, elimina el miedo. Por eso es una herramienta tan poderosa”. Sin buscar la condena de nadie, anhelamos la justicia para todos. Por eso seguiremos luchando contra la matanza de inocentes y mostrando, sin miedos, la verdad del aborto. La vida no se puede esclavizar, no es propiedad de nadie. Es, sencillamente, un regalo al que todos tenemos derecho.

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