Un hijo nunca sustituye a otro

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Repartimos información sobre ayudas para no abortar. Pero a veces nos equivocamos y esa mujer no va a entrar en el abortorio. Esto nos ocurrió en pleno agosto. Una pareja solo buscaba una calle para un puesto de trabajo. Cogen la información y lo leen detenidamente. Al cabo de unos minutos vuelven y la mujer nos dice que conoce bien ese abortorio, que no quería pasar cerca de él. Nos da las gracias y hace un gesto de irse. Pero se queda cerca. Al final nos enseña un tatuaje en su brazo, está escrito el nombre de Raúl. Es el nombre de su segundo hijo, al que sí le dejo vivir. El primero lo abortó y le puso ese mismo nombre. Se queda callada. Cuando nos da un beso comenta: “Un hijo nunca sustituye a otro“.
Geles, Guillermo y Marta, rescatadores Juan Pablo II.

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