Su Vida cambia al encontrarse a unos rescatadores Juan Pablo II, “ha sido providencial”

Un sábado de agosto por la mañana, una mujer se halla sentada en el muro próximo al abortorio Dator. Parece que espera algo. Lleva allí más tiempo que yo, y la veo mientras que aparco. Quizás sea alguien que también ha venido a hacer rescates, pero Marta tampoco parece conocerla. Nos acercamos a ella y Marta la pregunta si estaba allí por la clínica, a lo que ella responde, inicialmente poco reacia a la conversación, que sí, efectivamente estaba allí esperando su hora.

La conversación fue larga y abarcó muchos temas, pero lo más sorprendente fue presenciar como la mujer fue abriéndose a lo que la decíamos, como nuestras palabras calaban y como ella accedía a compartir con nosotros.  Dice que siempre ha estado en primera fila a favor del aborto. Claudia, como llamaremos a la mujer, nos contó que hace años había practicado un aborto,  algo le estaba costando esta vez. Era el segundo día que había pedido cita para practicarse el aborto, ya que la anterior vez no se vio capaz de entrar, y todavía había algo que tiraba de ella. Pero nos escucha, poco a poco va abriéndose.

Su primer y único aborto lo sufrió en Isadora. Nos contó que fue sola, y que a la vez que ella la practicaron el aborto a una chica joven, una niña a sus ojos. La niña repetía que no tenía opciones, que sus padres querían que abortase; y como era menor, era lo que contaba. Durante la operación, anestesiaron a Claudia, por lo que su primer recuerdo fue despertar sola, en la camilla, sin una mísera manta que tapase su cuerpo y totalmente aterida de frío. En una camilla próxima se encontraba la niña todavía en el sueño químico de la anestesia, y, al igual que ella, se encontraba descubierta. Afirmó que una vez habían cobrado y le habían practicado el aborto, el centro cambió, las atenciones del principio se tornaron en desdén y prisas para que liberase la camilla. Ella tenía muy claro que el negocio del aborto es un negocio serio, que los abortorios son empresas que buscan hacer dinero, y, por supuesto, que no están allí por caridad; y esta experiencia la ayudó a verlo aún más claro.

Finalmente, tras hablar con ella, Claudia decidió no entrar, y quedó en visitar un día la asociación MásFuturo. La acompañamos al metro, estando ella mucho más animada. Nos despedimos mientras ella bajaba las escaleras del metro, llevando a su hijo en su vientre, y una sonrisa en sus labios.

Sin embargo, quizás lo más curioso  es que, en principio, no íbamos a ir a hacer rescates en Dator, y sólo fuimos allí porque las otras dos personas que iban a venir con nosotros se quedaron dormidas. Claudia, que siempre se definió como agnóstica, había pedido una señal, y providencialmente, un descuido llevó a que estuviéramos a la hora justa en el lugar preciso para poder hablar con ella, y de esta forma Dios nos utilizó como herramientas para salvar a su hijo, y rescatarla a ella. Unos días después, nos cuenta que está estudiando el último año de su carrera universitaria y que nuestro encuentro ha sido “providencial” . Ha encontrado mucha paz.  Guillermo Welch, Rescatador Juan Pablo II.

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