Voy a dejar de estar embarazada. Como quien deja de fumar.

Me gustaría en estas pocas líneas compartir una desagradable experiencia que he vivido esta semana pasada. Actualmente estoy preparando unas oposiciones A mitad de la tarde del lunes pasado, en un descanso del estudio, un conocido me presento a una chica que suele frecuentar la biblioteca  municipal. Comenzamos a hablar. A los pocos minutos me comentó que estaba embarazada. Mi primera reacción fue ambigua. Por un lado sorprendido por contarme su estado a una persona que acababa de conocer y por otro de alegría. De hecho la primera reacción que me salió fue felicitarla. ¡Muchas felicidades!. A lo que inmediatamente me dijo “pero voy a dejar de estarlo.”. Me contó resumidamente su historia personal y la rotundidad de su decisión de abortar me dejó helado. Su principal argumento, si se puede llamar  así, era la inestabilidad laboral y el desorden en su vida personal. Así esgrimía por qué no podía traer un hijo al mundo.  El martes no coincidimos pero el miércoles la volví a ver. La verdad que en esos dos días no había parado de pensar en la situación de esta chica y en la criatura que llevaba dentro. Cuando la vi le saqué el tema y la animaba a continuar. Mis palabras he de reconocer que no eran muy grandilocuentes. Sobre todo insistía en que hay que ser optimistas y pensar en lo bueno que nos está por llegar y que acabar con la vida de tu hijo no solucionada nada. Ella negaba y negaba.  A través de unos amigos que colaboran con la asociación Más Futuro le facilité el teléfono de Marta  para que conociera de primera mano la experiencia de chicas que habían pasado por su mima situación. Ese miércoles le pedí el número de teléfono. Durante el jueves no llamó y ya ese mismo día, a última hora de la tarde-noche, escribí personalmente a Marta para que  contactase con ella. Marta durante el viernes estuvo intentando hacerla ver la barbaridad que iba a cometer. Pero quería acabar cuanto antes con su hijo y el sábado desgraciadamente abortó. Era la primera vez que me encontraba con un caso de aborto y he de decir que me ha marcado profundamente. Únicamente quería resaltar tres cosas: La primera es señalar la putrefacta sociedad en la que vivimos. En ningún momento se respira un clima de respeto al más inocente y de defensa por la vida. Igual que hay tolerancia cero contra la violencia de género ¿Por qué no hay tolerancia cero contra asesinatos de seres humanos indefensos?. No hay sentido de culpa en la madre que aborta  e incluso me atrevería a decir que cuenta con una especie de aprobación social: ”Es tu derecho.” En segundo lugar, me repugna que en mi país existan centros de exterminio financiados con fondos públicos. Son palabras duras pero creo que se quedan cortas para reflejar las torturas a las que son sometidas  estas pobres criaturas. Se te hace un nudo en el estómago el pensar cómo son asesinados con tal impunidad  los preferidos de Dios que son los niños. En tercer y último lugar, es una llamada a la esperanza. Me ha sobrecogido  sobremanera conocer la labor de la asociación Más Futuro y en concreto en la persona de Marta. Su dedicación, atención, defensa de la Verdad y amor por la vida ánima a continuar dando testimonio de Jesús en tu ambiente y ser testimonio vivo de un Dios que está esperando a que acudamos a Él. Pido una oración por la vida que se ha perdido este sábado y muchas gracias de todo corazón  a todos los que participáis en Más Futuro. Juan Antonio Dominguez Hernandez, Ingeniero y opositor.

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