Operación intrauterina a las 21 semanas de gestación de un tumor en el corazón que podía llegar a ser letal para el bebé

Una ecografía de rutina fue el primer paso para lo que terminaría siendo una operación inédita en el mundo. Cecilia Cella estaba llegando a los cinco meses de embarazo cuando la ecógrafa detectó que algo en el feto no estaba bien, aunque no pudo determinar qué. De inmediato ella y su esposo, Pablo Paladino, consultaron con el ginecólogo que tampoco logró saber de qué se trataba. Paladino contactó al cardiólogo Roberto Canessa, especializado en cardiopatías congénitas, quien les informó que el futuro bebé tenía algo grave, aunque no podía decir con exactitud qué era. Canessa los contactó con especialistas de Estados Unidos y les advirtió que si ellos no sabían de qué se trataba era difícil que alguien en el mundo lo supiera, contó Paladino a El Observador. Afortunadamente para los padres, el médico de Filadelfia, Estados Unidos, Jack Rychik, vio fotos que Canessa había enviado y confirmó que el feto tenía un enorme tumor en el corazón que podía llegar a ser letal. “En el minuto en el que vi la foto supe que se trataba de un tumor gigante en el corazón”, indicó el especialista al canal de televisión CBS de Filadelfia.
La única forma de intentar que su hijo se salvara era operarlo. “Había que abrir el útero, sacar al feto hasta su superficie para que quedara con el pecho afuera y operarlo como si se tratara de un adulto”, explicó Paladino.

Dicha operación se había realizado solamente una vez en el mundo pero no a una mujer con un embarazo tan incipiente. A pesar de que la intervención era riesgosa, la pareja viajó a Estados Unidos y cuatro días después Cella se sometió a la cirugía. Según publicó El País, la operación fue exitosa y la mujer guardó reposo primero en el hospital y luego en un apartamento que alquilaron. Una de las posibles consecuencias de la operación era que la mujer rompiera bolsa prematuramente. Eso fue lo que sucedió siete días después de la cirugía, cuando el embarazo ya llevaba 22 semanas. Cella fue internada de urgencia y cada día que pasaba era una meta cumplida. El objetivo de los médicos era que llegara, al menos, a las 24 semanas. “Llegaron, se festejó, pero los médicos consideraron que entre 24 y 28 semanas las chances de que hubiera secuelas eran grandes”, contó Paladino.

Los días siguieron pasando y Juan nació a las 31 semanas, el 11 de diciembre. Pesó 1,5 kilos, un kilo más de lo que pesaba cuando lo operaron, mientras su madre cursaba las 21 semanas de gestación. En ese momento su corazón medía un centímetro.  Cuando Juan nació los médicos ya sabían que debían volver a operarlo porque el tumor reapareció. El problema radicaba en que en la primera intervención era tan pequeño que no pudieron removerlo completamente. La segunda cirugía también fue exitosa y tras permanecer unos meses en Estados Unidos, hace dos semanas, la familia regresó a Uruguay con el propósito de que Juan haga una vida lo más normal posible. ElObservador
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s