Descubrió el Síndrome de Down pero perdió el Nobel.
Por llamar a las cosas por su nombre, a este valiente francés, le negaron el máximo reconocimiento. Siendo ya médico, quedó impactado al conocer a un niño Down y quiso saber más de estos niños y sus familias. Eso le llevó a realizar la investigación que terminó en su descubrimiento en 1958. Tenía 32 años, cuando descubrió la primera anomalía cromosómica en el hombre: la trisomía 21. El científico Jérôme Lejeune que descubrió el origen genético del Síndrome de Down no pensó en sí mismo, sino en los niños. No quiso poner su propio nombre. Quería devolver la humanidad y el orgullo de estos niños a sus padres diciéndoles que estaba en su código genético,(entonces se pensaba que era problema de los padres). Abría así la puerta primero, a la cátedra, a la citogenética y a la genética en general y luego, a la medicina genética. Con su clarividencia, pretendía además, proteger a los no nacidos. Fue un referente en vida, pero además hoy está de máxima actualidad. Cuando a final de la década de los 60 comenzó la campaña del aborto, se puso en contra. Sin poder discutirle su fama, y la importancia de su descubrimiento, le fueron cerrando muchas puertas. Pero él, valiente, siguió fiel a sus principios y a su ética. Invitado por Estados Unidos en 1971, pronunció un discurso en el National Institute for Health, donde se atrevió a decir sobre el aborto: “ustedes están transformando su instituto de salud en un instituto de muerte”. Esa verdad no fue bien acogida, y se dio cuenta. En un mensaje a su mujer le comunicaba su impresión. “hoy he perdido mi Premio Nobel”. Efectivamente, aunque recibió diversos galardones en diferentes países, como uno de los mayores expertos mundiales en genética, no le concedieron el Nobel.
Lamentablemente 53 años después, su descubrimiento, es utilizado para diagnosticar, y matar a los Down. Como dice su hija “se gasta mucho dinero en realizar diagnósticos y en matarlos. Con sólo el 10% de ese dinero para investigación se podría haber conseguido ya la cura”. CiViCa