Estoy llegando a clase, es miércoles de febrero y son las 8.30 de la mañana. Me sorprende un mensaje de una chica que me escribe al móvil. La conocí cuando salía de un abortorio. cuando estabamos haciendo rescates. Ya llevábamos varias horas y algunos rescates. Iba con su madre que tiraba de ella para que no nos escuchara. La hable de ayudas que desde la asociación MásFuturo le podían ofrecer, y ella apuntó mi teléfono y me dio el suyo.
Esa mañana de febrero me escribe que lo está pasando muy mal. Decido no ir a clase y pasarme a verla cerca de donde vive. Está llorando. La han echado de su casa, y ahora vive con unas amigas de ocupas sin agua ni luz. Acaba de cumplir 18 años. Está embarazada de casi 5 meses. Sus padres tiene una cómoda situación económica y sus hermanos también. Pero la echan a la calle sin nada de dinero, querían que abortara a toda costa, sobre todo la madre. Sus hermanos todos la presionaban para que abortara ya. El padre del niño también quería que abortara, incluso mintió a su propia madre diciéndole que el hijo no era suyo. Se encontraba completamente sola. Estaba angustiadísima y cuando hablaba conmigo le costaba respirar. Ella quería tener a su hijo. Me decía que en su vida había hecho y vivido de todo. Me dijo que sabía que si abortaba no podría salir de la angustia y el sufrimiento que le provocaría eso. Que si abortaba seguiría yendo de fiesta cada vez más y más para no pensar en lo que había hecho con su hijo. Estaba cansadísima de su vida pasada, y veía que con su hijo su vida había dado un vuelco enorme. Me decía que su mayor felicidad era su hijo. Yo estaba sorprendidísimo de lo que me contaba, pues me lo decía tan convencida que yo no pude casi abrir la boca. Mientras seguíamos hablando, a ella continuamente le estaban llamando y enviando mensajes sus hermanos y su madre para saber dónde estaba porque la querían llevar (yo diría arrastrar) hasta el abortorio. Ese día tenía que haber abortado a las 10 de la mañana. Ella me enseñaba algunos mensajes donde sus hermanos hasta la amenazaban con partirle la cara si no aparecía, y diciendo que estaba haciendo sufrir muchísimo a su madre. Con todo este panorama yo lo único que pude hacer fue escucharla, tranquilizarla y ponerme en marcha. La llevé a mi casa para que pudiera comer algo, pues no tenía dónde ir. Después fuimos a hablar con la madre del chico que la dejó embarazada, pues ella sí que la apoyaba y la animaba a tener el hijo. Finalmente volvimos al piso “ocupa” para coger las cosas que se dejó y llevarla a un piso de acogida que tenía la asociación. Ella no se creía lo que estaba pasando y no paraba de decírmelo y de darme las gracias; de sentir que no había ninguna salida a su situación a descubrir que mucha gente está dispuesta a ayudarla en lo que haga falta. Ahora ella sigue en un piso de acogida de la asociación MasFuturo que se encargan de que siga con sus estudios y tenga un futuro. Siempre con su hijo que tanta vida le está dando a ella.
Solo me cabe decir que el que más ha recibido he sido yo, pues la valentía de esta chica de 18 años que se ha enfrentado con la gente más cercana ha sido una llamada a no sucumbir ante las dificultades por muy agravadas que sean, pues SIEMPRE hay luz al final del túnel. José Martín Lorenzana, un rescatador Juan Pablo II.