¡No perdáis la fe!

Sois una pareja joven con dos hijos pequeños. Azotada por la crisis. Lejos de vuestro país. Uno de vosotros sin trabajo y otro con un trabajo precario. Y ahora un embarazo inesperado. Parece que todo se derrumba y en estos casos siempre tendemos a creer que encontrar una salida es encontrar una solución. Y el aborto no es ninguna solución. Pero parece que nos gana en esa batalla interior la oscuridad y la confusión, tal vez la desesperanza. Sin embargo, es en una situación complicada como esta, cuando tenemos que sacar lo mejor de nosotros mismos. Como todos hacemos tantas veces, de nada sirve huir, porque la realidad se acaba imponiendo. Por favor, no perdáis la fe en la vida. Si llegáis a tomar una decisión que sea irreversible, serán para siempre los momentos de una vida no vivida, una vida que no se podrá olvidar por perdida y que os hará un daño tremendo en el futuro. Esta es la realidad. Este niño no viene para quitaros nada, viene a regalaros todo. Querida amiga: recuerdo cómo acariciabas un pequeño corazón de oro que colgaba de tu cuello. Pienso que es un símbolo de la ternura que guardas para ese otro pequeño corazón que ya late en tu vientre, el corazón de tu hijo. Querido amigo: sé que tú, sin trabajo y como cabeza de familia, estás desorientado, has perdido esa fe. Debes recuperarte, estar firme y tranquilo. Este es tu momento. No te quedes a un lado, tienes un papel protagonista. Sé que deberás hacer un esfuerzo tremendo, que las cosas no son fáciles, que a veces el presente nos puede, nos agrede, nos arrastra. Nos engaña. Que nos cuesta levantar la mirada y ver las situaciones desde arriba y con confianza. Pero, por favor, no pierdas la fe. Ten calma y piensa en aquello que te hará recuperar esa ilusión y la esperanza. Mírate en los ojos de tus hijos, en ellos verás sinceridad. Puedes sentirte muy orgulloso de estar sacando adelante a la familia. De trabajar duro, de luchar por ellos. Esto es así, y te aseguro que igual de orgullosos se sentirán de vosotros cuando conozcan la llegada de un hermanito. Tu también mereces lo mejor. No desfallezcas, la vida está saliendo a tu encuentro y no te pide dar un paso al frente, tal vez tan solo mirar su dulce silueta. Sé fuerte y aprieta con fuerza las manos de tu esposa, deja que tu vida se llene de gratitud y celebra en familia este maravilloso acontecimiento. Dios os ha bendecido con un regalo. No perdáis la fe, la vida está esperando.  Un rescatador.

 


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