Otro aborto pagado “en metálico”, rápido y silencioso.

(Dibujo de Mingote: “Primero pensé en abortar pero luego hemos decidido dejar que nazca el niño y hacerlo médico abortista que nos gane mucho dinero”)

Eran aproximadamente las cinco y veinte de la tarde cuando me encontraba junto José Antonio y Marta haciendo rescates en el abortorio Dator. Baja por la cuesta una pareja de no más de veinte años en dirección directa al abortorio… Les damos un folleto de información. Les explicamos en qué consiste la Asociación y quiénes somos los Rescatadores de Juan Pablo II. El chico se apartó de nosotros a los pocos segundos y nos quedamos a solas un rato con la chica. Intento  convencerla de que no hiciese… aquello tan horrible que iba a hacer. Ella sigue diciéndonos que tenía cita y quería estar con tiempo… Atendiendo a la praxis, parece que el sentido común es el menos común de los sentidos, ayer no se dio esta costumbre que parece se está convirtiendo en habitual y primó el sentido común y la máxima económica de que el “que paga manda y puede permitirse el lujo de retrasarse unos minutos”.

Lo que verdaderamente me impactó de aquella muchacha fue la oquedad de su mirada y el hieratismo de su boca, estaba gélida y fría… Era un bloque de hielo, no tenía gesto, daba la sensación de no sentir ni padecer. No puede decirse que aguantase estoicamente y con gallardía unos argumentos con los que no conculcaba, pues de ser así aunque no se hubiese puesto colérica… Hubiésemos notado al menos un ápice de crispación o de hostilidad en su mirada, lo que no ocurrió en ningún momento… Simplemente no nos escuchaba.

Lo que causó estigma en mí de aquella muchacha es que el hieratismo de su rostro, la frialdad de su mirada y los engorrosos silencios que se dieron en no más de cinco minutos… Eran tan extremos que no podrían catalogarse ni como fuente de una situación de frialdad… Iban mucho más allá. Algunas chicas cuando ven lo que hacemos continúan de largo o se irritan, en otras muchas ocasiones logramos convertir sus inhóspitas miradas en luz en sus ojos… Por aquel abismal vacío que trasmitía aquella chica, daba más la sensación de que nos encontrábamos ante una estatua de granito que ante una persona de carne y hueso.

Mientras tenía lugar la situación que acabó de describir en los párrafos anteriores… El novio de la chica se apartó de nosotros y se sentó en el muro que en tantas ocasiones nos hace las veces de banco a los rescatadores… Estiró los brazos, tal y como si se estuviese desentumeciendo, se crujió los dedos de las manos en unas cuatro ocasiones y durante nuestra conversación con la chica simplemente se limitó a mirar el teléfono móvil… No le interesaba. Parecía que queria terminar pronto “aquello”. En ningún momento hizo el ademán de aproximarse a su novia para cogerle la mano u otro gesto cómplice que mostrase al menos una migaja de cariño… Eso sí, como buen caballero le pagó el aborto… Además en metálico… Todo un señor.

Ya se sabe tal y como dijo Don Francisco de Quevedo que “poderoso caballero es Don dinero”…, Luis Eduardo de la Hoz García

 

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