Cuando se detecta cáncer de mama en el embarazo.

(Foto, Sergio González Valero). Una de cada 3.000 gestantes afronta un diagnóstico de cáncer de mama. Cristina es la cara amable, enérgica y optimista de una doble realidad que le toca vivir a un pequeño porcentaje de mujeres.  Hasta hace 10-15 años, esta situación suponía un motivo de controversia y en muchos casos se recomendaba abortar. Ahora, sin embargo, la evidencia científica demuestra que se puede tratar eficazmente a la madre manteniendo la seguridad del feto, incluso con ciclos de quimio (a partir del segundo trimestre).

Un mensaje que el jefe de Ginecología y Obstetricia del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, supo transmitir a Cristina (que tenía 35 años) mientras le explicaba su diagnóstico y también a lo largo de todo el proceso, junto con el resto del equipo médico. “Recuerdo al recibir la noticia la sensación de vértigo e incredulidad mezcladas, pero en ningún momento sentí que mi bebé pudiera estar en peligro”.

De esto hace casi dos años, la edad que está a punto de cumplir su pequeño, Pablo (el 3 de noviembre), su segundo hijo. Aproximadamente a los cinco meses de la gestación, Cristina palpó un pequeño bulto en su pecho derecho. Durante esta etapa, “la mama sufre transformaciones y cambios que son absolutamente normales porque se está preparando para la lactancia”. De ahí la complejidad de la detección, sumado a que “además, no pueden realizarse técnicas radiológicas”. La ecografía mamaria sí se puede utilizar, agrega el oncólogo, “aunque da información incompleta en ausencia de la mamografía (que está contraindicada en el embarazo)”. En cuanto a la Resonancia Magnética Nuclear de mama, “en teoría no debería ser dañina sobre el feto, aunque no se dispone de gran experiencia y se intenta evitar, particularmente durante el primer trimestre“.

El equipo médico me escuchaba y tenía en cuenta mis preferencias. Por ejemplo, yo no quería quimioterapia y se respetó“. Resulta clave en estos casos que “el abordaje sea multidisciplinar y en hospitales grandes y especializados”, señala Lizarraga. La planificación del tratamiento debe ser consensuado y atendido entre el obstetra, el ginecólogo, el oncólogo, el médico radioterápico y también el psicólogo.

No es lo mismo un diagnóstico al principio de la gestación que en las últimas semanas. “Durante el primer trimestre, la quimio no es una opción segura. A partir del tercer mes, sí se puede utilizar”, apunta el oncólogo del Gregorio Marañón. Está demostrado que ciertos medicamentos de quimioterapia no incrementan el riesgo de defectos o muerte del feto, ni problemas de salud tras el nacimiento del bebé si se administran en el segundo y tercer trimestre. Lo más frecuente, aclara Martín, “es detectar estos tumores en el segundo trimestre”. A cada paciente se le diseña un ‘traje’ a medida en función de sus circunstancias y las características del cáncer. Se evalúa la rapidez con la que crece, la probabilidad de que se puede diseminar a otras partes del cuerpo y la eficacia de distintos tratamientos. Superado el primer trimestre, existe la opción de la quimio y también la cirugía. Sin embargo, la terapia hormonal, la dirigida o personalizada y la radioterapia no se ofrecen porque sí pueden afectar al desarrollo del bebé.

En el caso de Cristina, y teniendo en cuenta que ella descartaba la quimio y que el bulto había crecido, el plan era la cirugía. Normalmente se emplea más la mastectomía (extirpación completa del seno), ya que la cirugía conservadora (elimina sólo la parte afectada) requiere radioterapia posterior y ésta está contraindicada durante el embarazo. Pero Cristina ya se encontraba en las últimas semanas de gestación, así que después de “unas inyecciones para madurar los pulmones del bebé en caso de adelantarse el parto, me quitaron el bulto. La cirugía fue excelente. Sólo tengo una rayita minúscula, como una estría”. Tras la operación, aguantaron hasta la semana 35 para inducir el parto y empezar con los ciclos de quimio y las sesiones de radioterapia.

El pequeño Pablo nació con 3,030 kilos. “No necesitó incubadora y nos lo llevamos a casa con nuestro hijo mayor a los dos días. Todo transcurrió con normalidad”, recuerda emocionada. Ya preparada para continuar con la segunda parte del tratamiento, uno de los oncólogos le propuso congelar sus óvulos si no descartaba la idea de tener un tercer hijo y, como a Cristina le gustan las familias numerosas, se sometió a este proceso. Así que antes de comenzar con la quimio, se preparó con una medicación hormonal para la extracción de sus óvulos y la consiguiente congelación. En este punto, puntualiza Lizarraga, cabe subrayar que “conviene esperar un tiempo desde el final del tratamiento oncológico hasta un nuevo embarazo”.

Entre las principales dudas, aparte de preocuparse por la posibilidad de que el tratamiento repercuta en el feto, de que deje de crecer, tenga malformaciones o incluso aumente el riesgo de morir, muchas mujeres se preguntan si quedarse embarazadas después de este capítulo oncológico aumentará las probabilidades de volverlo a sufrir. En este sentido, “el embarazo no es un factor de riesgo que favorezca el desarrollo de un tumor maligno“, según los expertos. De hecho, argumenta Martín, “numerosos estudios confirman que las mujeres que se quedan embarazadas después de tener un cáncer de mama tienen el mismo pronóstico, si no mejor, que el de las de la misma edad que no se quedan embarazadas. Obviamente, mientras no coincida con tratamientos quimioterápica, con trastuzumab u hormonoterápico adyuvantes”. También “les aclaramos que los tratamientos de elección en estas circunstancias no son menos eficaces”.

En la quimio, “he tenido la suerte de no tener efectos como los vómitos. Sólo se me cayó el pelo, tenía uno o dos días de malestar general. Por lo demás, he podido hacer una vida normal. Después, con las 33 sesiones de radioterapia, no tuve molestias”. Acabó el tratamiento en mayo de 2016 (aunque ahora continúa con un tratamiento hormonal que se suele mantener entre cinco y 10 años) y las revisiones ya son cada seis meses. Hoy está contenta y agradecida por el trato excepcional de un equipo de médicos sensibilizado que consiguió que se tomara este proceso como una carrera de obstáculos y metas cortas, sin dramatismo, con tranquilidad y confianza. En la mayoría de los casos, parte del tratamiento se pospone hasta que nace el bebé. A Cristina le esperaba la quimio y la radioterapia y a otras mujeres que se someten a la cirugía completa, la reconstrucción del pecho. A pesar de ser el segundo tipo de tumor maligno más frecuente durante el embarazo, “en un alto porcentaje, el tratamiento consigue que la madre y el bebé superen con éxito el procedimiento”, señala el ginecólogo. ElMundo

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